“El cantor de jazz”: debut del cine sonoro y precursor del polémico “blackface”

Mañana se cumplen 93 años del lanzamiento de la película que, protagonizada por Al Jolson, supondría el principio del fin del cine mudo

“El cantor de jazz” fue una película que pasó a la historia por varios motivos. Dirigida por Alan Crosland, era una adaptación de la obra musical para teatro “El día de la expiación”, del estadounidense Samson Raphaelson, cuyo protagonista fue interpretado por George Jessel. Y fue su versión en la gran pantalla la que revolucionó el concepto que se tenía del arte visual y del cine en la época.

Se estrenó un 6 de octubre de 1927 -mañana se cumplen 93 años-, día en el que el cine mudo vio sin tapujos su final inminente. La idea de poner audio en las películas era un atrevimiento para quienes vivían de la expresividad de los gestos y las imágenes. Sin embargo, con el lanzamiento de “El cantor de jazz” se rompió la tradición, consagrándose la cinta como el primer largometraje comercial con sonido sincronizado.

Fue considerada una cinta “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, así como seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Parcialmente rodada con sonido y diálogos sincronizados, utilizó un sistema sonoro al que más tarde acudirían las grandes productoras: el Vitaphone.

Esta técnica, fundada por Bell Telephone Laboratories y Western Electric y que más tarde fue adquirida por Warner Bros, consistía en la sincronización y grabación de sonidos sobre un disco. Cambió la visión del cine de manera radical y, aunque las cintas silentes continuaron intentando sobrevivir, “El cantor de jazz” fue el principio de una nueva era.

Jazz y judaísmo

La película, protagonizada por Al Jolson, contiene apenas dos minutos de diálogo con sonido, mientras que el resto se presenta a través de intertítulos. Narra la historia de una familia judía ortodoxa, en la que el rabino Rabinowitz, el padre, quiere que su único hijo Jakie (Jolson), continúe la tradición familiar y se convierta en la quinta generación de rabinos.

Sin embargo, éste elige otro camino y decide convertirse en lo que fundamenta su pasión: cantante de jazz. Mientras triunfa en el mundo musical haciéndose llamar Jack Robin, sus ambiciones profesionales se verán truncadas por las exigencias de su casa y su herencia.

Jolson “entusiasmaba a la audiencia con vitalidad y el ‘sex appeal’ de sus gestos y canciones con raíces más bien afroamericanas”, explicó el historiador Donald Crafton acerca de la interpretación del protagonista. Dicha actuación quedó para la historia, pero no solo por ser la primera película con sonido, sino por su uso del “blackface”.

Se conoce como “blackface” al maquillaje empleado sobre un actor blanco para que éste interprete a alguien negro. De hecho, la imagen más icónica es del protagonista con la cara pintada, los labios en blanco o sin pintar, mientras canta y baila al ritmo del jazz.

Esta práctica es ahora bastante criticada, ante todo a raíz del movimiento Black Lives Matter, que, antes de pintar la cara de alguien, defiende que lo primordial es contratar a un actor de dicho color. No obstante, hay quienes sostienen que esta película se filmó así porque había público blanco en la época que le gustaba el jazz, pero que no soportaba la idea de ver a un actor negro sobre el escenario. Por ello, no fue la única ocasión en la que se veían a cantantes blancos con su rostro pintado.

Producida por Warner Bros, “El cantor de jazz” recaudó 7,5 millones de euros desde su estreno, así como cada año sigue siendo rescatada para hacer alusión a su carácter innovador y a su papel a la hora de hacer historia en el cine.