Mata Hari: referente del estriptis, “femme fatale” y espía doble en la Gran Guerra

Hoy se cumplen 103 años del fusilamiento de la bailarina, cortesana y espía, quien fue acusada por Francia de traicionar al país durante el conflicto bélico

Nació como Margaretha Geertruida Zelle, vivió rodeada de hombres y murió fusilada y sola. Más conocida como Mata Hari, fue una bailarina, cortesana y espía, cuya vida ha pasado a la historia al albergar en su biografía numerosos misterios. Marcada por una triste infancia y juventud, sería su “sex appeal”, astucia y audacia lo que le ayudaría a crearse una nueva identidad. Que, además, no pasó desapercibida.

Nació el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden (Países Bajos). Criada en el seno de una familia humilde, su destino comenzó a cambiar cuando, al morir su madre, abandonó su hogar para formarse como maestra en una escuela. Pero su salto hacia a la aventura lo dió con 18 años: la joven respondió a un anuncio del capitán militar Rudolf MacLeod, de 39 años, donde buscaba esposa. Margaretha lo vio claro: una vida independiente, en las Indias Orientales y una oportunidad para comenzar un romance.

Tras mandarse una serie de cartas y fotografías, se casaron. Vivieron en Java (Indonesia), donde tuvieron dos hijos: un niño y una niña. Además, en este ámbito Mata Hari aprendió a bailar las danzas que años después le valdrían la fama.

No obstante, el matrimonio decayó ante la muerte de su hijo: MacLeod se vició en la bebida y Margaretha se refugió en actividades culturales. Una vez se divorciaron, ella se mudó a Europa, estableciéndose en Paris en 1904.

“El ojo del amanecer”

Con un físico exótico y un gran conocimiento en las danzas orientales, Margaretha comenzaría una nueva etapa de su vida: se lanzó a los escenarios bajo el nombre de Mata Hari, que significa “el ojo del amanecer”. Pero no solo se dedicó a bailar, sino que también se convirtió en una de las cortesanas más cotizadas de la época.

Mata Hari vivió rodeada de hombres, quienes siempre se peleaban por ver en primera fila cómo contoneaba sus caderas con ropas translúcidas. Tal fue así, que la bailarina logró consolidarse como una referente en el arte del “striptease” y del erotismo. Durante esa época, mantuvo varios romances, todos ellos alimentados por el mito que ella misma había creado de “femme fatale”.

Según una leyenda popular, ni siquiera para mantener relaciones sexuales Mata Hari se quitaba el sujetador. Dicen que ella misma admitió en su momento que evitaba mostrar sus pechos porque, entre las tantas peleas con su ex esposo, él le arrancó el pezón izquierdo de un mordisco.

Y estalló la Primera Guerra Mundial. Episodio que no iba a pasar de largo para una mujer ambiciosa como Mata Hari. En ese momento se encontraba en Berlín y, cuentan algunos historiadores, allí aprovechó para reunirse con Eugen Kraemer, jefe del espionaje alemán. Y, de nuevo, una nueva época en la vida de Mata Hari. Esta, si cabe, más interesante e incluso peligrosa: le ofrecieron pasar información de los franceses a cambio de una importante suma de dinero.

¿Qué hizo? Azotada por las deudas, aceptó. Y así es como Margaretha pasó de ser Mata Hari a la agente H-21. Más tarde, por la fama que había cosechado, muchos hombres de alto rango se reunían con ella. Y, viéndose acorralada por el capitán francés Ladoux, se cree que Mata Hari aceptó ejercer como espía del ejército alemán.

No obstante, hay quienes aseguran que nunca aportó información valiosa a ninguno de los dos frentes. Y este jugar a dos bandas le trajo consecuencias: cuando Francia y Alemania se percataron de este “engaño”, comenzó el declive de la vida de la protagonista de esta historia.

Fusilada hace 103 años

El 13 de febrero de 1917, Mata Hari fue arrestada por las autoridades francesas, siendo acusada por espionaje para los alemanes. En su juicio, se dijo que su “modus operandi” era el de sonsacar información a sus amantes. Pero ella siempre negó los cargos.

Con vestido negro, un enorme sombrero y bastante maquillaje, Mata Hari fue fusilada en Vincennes, una localidad cercana a París, el 15 de octubre de 1917 -hoy se cumplen 103 años-, a la edad de 41. Margarethe, por tanto, vivió rodeada de gente poderosa, pero con una gran soledad. A pesar de luchar por un futuro y una familia, y a pesar de estar constantemente con hombres y amantes, nunca encontró su sitio en la vida, murió fusilada y nadie reclamó su cuerpo.