Fotograma de "El Mesías salvaje", dirigida en 1972 por Ken Russell y cuya escenografía es obra de Derek JarmanMuseo Reina Sofía

Derek Jarman: lo más punk de lo más “queer” y un puñado de películas que no se podrían hacer hoy

El Museo Reina Sofía y la Filmoteca Española organizan un ciclo dedicado al cineasta británico, icono del final de los ochenta en Reino Unido y activista por los derechos de los homosexuales

Aunque suene a tópico, se hace casi obligatorio recurrir a las manidas «palabras mayores» para hablar de Derek Jarman (Londres, 1942). Nacido del matrimonio de un oficial de la RAF nacionalizado, de origen neozelandés, y de una estudiante londinense de arte, pero nacida en la India, su destino parecía abocado a ser la amalgama perfecta que permitiera interpretar los nuevos tiempos, esos en los que el Reino Unido que se quería levantar de sus escombros pero seguía dependiendo fuertemente de conceptos tan aparentemente anacrónicos como la monarquía o las colonias.

Después de pasar por el King’s College y las mejores escuelas de arte del país para formarse como actor, director y escenógrafo, el Londres de finales de los setenta abrazó su manera de entender la expresión artística y así comenzó a formar una pequeña «troupe» de rechazados y excéntricos. A la sazón, intelectuales incómodos, modistas alternativos, homosexuales y transexuales encontraron refugio en el arte de Jarman y empezaron a reclamar su hueco en la escena.

La actriz Tilda Swinton, "descubierta" por Jarman en películas como "Caravaggio" o "War Requiem"Museo Reina Sofía

El «cinema verité» en el que se apoyan sus primeras obras solo era la excusa para dar cabida a las nuevas realidades, como en su ópera prima, «Sebastiane» (1976). Sirviéndose solo de intervenciones en latín, Jarman construía una especie de relato homoerótico y bastante explícito sobre la vida de San Sebastián con «las mismas ganas de ofender como de despertar conciencias», según su muchas veces productor, James Mackay. Sirviéndose de danzas frenéticas que parecían calcos de Matisse, Jarman explora, no sin cierto sarcasmo, las tradiciones sexuales de la época y no deja títere con cabeza en el proceso de Diocleciano para acabar con los cristianos. Probablemente, uno de los contados casos reales de películas que no se podrían hacer hoy.

«No puedo concebir a Derek (Jarman) como un director en el sentido convencional. Era un pintor que hacía películas y es la pintura lo que de verdad define su trabajo», explica Mackay por correo electrónico, forzado por las circunstancias. Y sigue: «Para mí, su legado como artista, jardinero, pintor, director, autor y poeta, es el de invitar a la gente a abrir su mente y no limitarse a experimentar solo aquello en lo que está cómodo, todo ello sin necesidad de gastar grandes cantidades de dinero. Creo que Derek era todo eso y, además, lo conseguía hacer siendo un activista muy poco obvio. No había una lección moral explícita en sus obras, pero conseguía hacerte reflexionar sobre el tema que planteaba».

Escena de "The Garden", película de Derek Jarman de 1990Museo Reina Sofía

La vida de un pionero

Cuando se cumplen 26 años del fallecimiento de Jarman, por complicaciones derivadas de su exposición al VIH, el Museo Reina Sofía y la Filmoteca Española organizan un ciclo que sirve de retrospectiva y homenaje a la figura del director inglés. Mackay ejerce de comisario de la misma, pero su recuerdo sigue ennoblecido por el que entiende fue uno de sus mejores amigos: «Al conocerle me di cuenta de que su flagrante desprecio por la narrativa y las convenciones del relato basado en el diálogo eran lo que le distinguía de sus colegas. Su aproximación a la realización de cine, a la que llegó relativamente tarde en su vida artística, era más parecida a la de un pintor: situaba su cámara y creaba una escena que se desarrollaba de modo continuo, sin cortes ni contraplanos», escribe convencido.

Publicitada como «la más completa», ya que incluye todos los largometrajes de ficción que firmó Jarman, la retrospectiva ha encontrado su sede en el Edificio Sabatini y en el Cine Doré. Allí se podrá disfrutar, por ejemplo, de su estrambótica «Jubilee» (1978), en la que la Reina Isabel I viaja 400 años en el futuro para encontrarse con un Londres desolado y controlado por bandas «punk» que reverencian a Sid Vicious. O también de su «Caravaggio», con unos casi debutantes Tilda Swinton y Sean Bean que eran maniquíes de una narración casi silente sobre la violenta vida del pintor italiano.

Esta última, estrenada en 1986, es quizá el cénit de su carrera, ya que, según Mackay, reúne varios «elementos arquetípicos» de su cine. Desde la reinterpretación en clave sacrílega de una vida que se suponía ilustre, a su convencimiento explícito de la homosexualidad del mito, pasando inequívocamente, y como pionero, por la conversión de la Historia en algo líquido: los personajes históricos de Jarman leían revistas de papel cuché dos décadas antes de que María Antonieta llevara zapatillas Converse o escuchara a The Cure en la película de Sofia Coppola.

Derek Jarman, cineasta, poeta, activista... y jardineroWikimedia Commons

Precisamente la música, más allá del cine, fue otra de las grandes inspiraciones fílmicas de Jarman y, probablemente, lo que le ha elevado al olimpo del imaginario colectivo de los ochenta en Reino Unido. Reticente en un primer momento a filmar videoclips, acabó siendo hijo de su tiempo y dirigió varios trabajos de estudio para Marianne Faithfull. Adaptado al medio, ya no paró: el mismo año que estrenó su biografía de Caravaggio se decidió por fin a trabajar con Morrisey y The Smiths, de los que tan mal le habían hablado. «There Is a Light That Never Goes Out» y, sobre todo, «The Queen is Dead» son monumentos incontestables del «zeitgeist» de una época.

Reconocido ya en todo el mundo como el vanguardista que fue, referente contemporáneo para realizadores de la talla de David Lynch o Pedro Almodóvar, Jarman comenzó a ser el director de cabecera de los videos de los Pet Shop Boys mientras entraban los noventa y preparaba sus dos últimas grandes obras: «Wittgenstein», otra revisión pero en este caso de la infancia del filósofo austriaco y su testamento, «Blue».

Para Mackay, que escribe con el cuidado de quien se sabe guardián de un legado el recuerdo final de Jarman pasa por su activismo, pero hay que entenderle bien: «Derek era un artista que además de ser gay, transmitía esa expresión en su trabajo. Tomó parte en el movimiento de liberación homosexual de finales de los sesenta y, de nuevo, cuando lo Queer se hizo presente en los ochenta, pero eso no define su trabajo, más bien al revés. Recuerdo, en mi época de estudiante, salir con mis amigos a ver su “Sebastiane” en el cine Gate. A todos les encantó, y eso que la audiencia estaba compuesta por gente de todo tipo y edad. Dios, ¡estuvo en cartel durante seis meses!».

DÓNDE
Museo Reina Sofía (Edificio Sabatini) y Filmoteca Española (Cine Doré)
CUÁNDO
Del 3 de noviembre al 28 de diciembre de 2020
CUÁNTO
Sesiones del Museo Reina Sofía: GRATIS. Cine Doré: entrada sencilla 3€ / Abono de 10 sesiones: 20€