Hallan en México los restos humanos de la última “venganza” de Hernán Cortés

Un exhaustivo estudio del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México arroja luz sobre la matanza de Zultépec-Tecoaque que ordenó el controvertido conquistador español

En los aljibes del pueblo –han sido explorados 22 al momento. Foto: Melitón Tapia, INAH
En los aljibes del pueblo –han sido explorados 22 al momento. Foto: Melitón Tapia, INAHMelitón Tapia

Entre enero y febrero de 1521, según se deduce de la interpretación del mes conocido como Izcalli del calendario mesoamericano, los pobladores de Zultépec (pocos kilómetros al sureste de la actual Ciudad de México) celebraron los últimos honores al dios Xiuhtecuhtli adelantando su propio destino, al saberse objetivo de la ira de Hernán Cortés por haber capturado parte de la expedición del conquistador Pánfilo de Narváez. Según cuenta la leyenda, que no está constatada como el resto de la historia, los soldados de la expedición española fueron devorados por los pobladores indígenas tras meses de rituales humanos y sacrificios caníbales.

De hecho, el topónimo del lugar en el idioma náhuatl local es Tecoaque, literalmente “donde se los comieron”. Según las estimaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), alrededor de 450 miembros de la expedición europea, en la que además de españoles había “taínos de las Antillas, tlaxcaltecas, totonacos, mayas, mestizos, mulatos y zambos”, desaparecieron y solo algunos de sus restos fueron encontrados en una fosa común. Si bien no es seguro que los habitantes de Zultépec acabaran con su vida mediante el canibalismo, sí se tiene registro histórico de los más de ocho agónicos meses que pasaron en cautiverio.

Célebre por su vehemencia e iracundo histórico, Hernan Cortés no tardó en ordenar su “venganza” a través de una invasión al poblado: encabezados por Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, una expedición vindicativa asoló todo rastro de vida en la ciudadela. En su “Tercera Carta de Relación”, Hernán Cortés. narra que mandó a Sandoval a traer los 13 bergantines a Tlaxcala para sitiar Tenochtitlan, acompañado “con quince de caballo y doscientos peones”, y que de paso “destruyese y asolase un pueblo grande, sujeto a esta ciudad de Tesuico (Texcoco), que linda con los términos de la provincia de Tascaltecal (Tlaxcala), porque los naturales de él me habían matado cinco de caballo y cuarenta y cinco peones que venían de la Villa de la Vera Cruz a la ciudad de Temixtitan (Tenochtitlan), cuando yo estaba cercado en ella, no creyendo que tan gran traición se nos había de hacer”.

Uno de los aspectos más interesantes de los descubrimientos del equipo de la INAH, que lleva casi tres décadas trabajando sobre el terreno, es que muchos de los españoles que fueron prendidos durante el primer encuentro habían hecho vida entre los locales. “Muros agregados y la presencia de hornos a la usanza europea son algunos de los elementos que señalan este intercambio cultural, de ahí la importancia de continuar con la investigación en las áreas habitacionales”, ha explicado Enrique Martínez Vargas, director del proyecto junto a Ana María Jarquín Pacheco.