Crítica de “I Care a Lot”: de leones y corderos ★★☆☆☆

Rosamund Pike protagoniza "I care a lot", que se estrena esta semana en salas y la que viene en Amazon Prime Video
Rosamund Pike protagoniza "I care a lot", que se estrena esta semana en salas y la que viene en Amazon Prime VideoLA RAZONLA RAZON

Título: I Care a Lot. Dirección y guion: J Blakeson. Intérpretes: Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Dianne Wiest. Gran Bretaña-USA, 2020, 118 min. Género: Thriller/Comedia. En salas y, la próxima semana, en Amazon Prime.

El mundo es una competición entre leones y corderos. Lo dice Marla (Rosamund Pike), que se autodefine, claro, como una leona. Su presentación ante el público impone, de entrada, un punto de vista cínico y nihilista, que atraviesa buena parte de esta sátira sobre el capitalismo neoliberal titulada “I Care a Lot”. Pero, ¿qué hacer con un personaje tan problemático como el de Marla? Por un lado, es la sublimación de la villanía, que se enriquece timando a jubilados, con la connivencia de médicos, directores de asilos y jueces ingenuos, para robarles hasta el último dólar adjudicándose el papel de tutora legal; por otro, el relato se empecina en retratarla como una mujer emprendedora, astuta, inasequible al desaliento, y con su lado frágil y emotivo, que es el amor que siente por su ayudante, Fran (Eiza González). No es la mujer fatal del ‘noir’, ni siquiera del ‘neonoir’ de “Lazos ardientes” o “La última seducción”, pero tampoco es la viva imagen del empoderamiento antipatriarcal, porque, cuando le conviene, se asocia con el capital masculino. No ayuda a que la amenaza de muerte que supone ese capital esté representada, en la primera parte del filme, desde un registro cómico ‘à la Coen’, porque, cuando llega la hora de la verdad, el mafioso ruso que encarna Peter Dinklage no asusta ni a un periquito; mucho menos, claro está, a una Rosamund Pike en clave “Perdida”, que lanza sus réplicas como dardos envenenados, que se divierte de lo lindo puliendo los ángulos de su natural antipatía con un peinado casi fascista, y que parece más invulnerable que Terminator.

Lo mejor: La extraordinaria Dianne Wiest, en un (desaprovechado) personaje de abuela leída y terrible.

Lo peor: Que la película no sea capaz de saber qué hacer con su protagonista.