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Crítica de “Madeleine Collins”: ¿quién soy yo? ★★★☆☆

Un fotograma de “Madeleine Collins”
Un fotograma de “Madeleine Collins” FOTO: Imdb Imdb

Dirección y guion: Antoine Barraud. Intérpretes: Virginie Efira, Quim Gutiérrez, Bruno Salomone, Jacqueline Bisset. Francia-Bélgica-Suiza, 2021. Duración: 102 minutos. Drama.

“El que tiene dos mujeres pierde su alma/El que tiene dos casas pierde su cabeza”. Así rezaba el proverbio que Rohmer utilizó como motor narrativo de la magistral “Las noches de la luna llena”. El caso de Louise (Pascale Ogier), que acababa pagando con la soledad su deseo (entre frívolo y egoísta) de independencia, no era, ni mucho menos, tan radical como el de Judith (espléndida Virginie Éfira) en “Madeleine Collins”. Traductora simultánea que carga sobre sus espaldas con una tumultuosa doble vida, Judith está predestinada a romperse en pedazos cuando las exigencias de su ubicuidad emocional y profesional empiezan a solaparse peligrosamente.

En la primera parte de la película, Antoine Barraud transmite con astucia la ansiedad que produce una mentira imposible de sostener en el tiempo. Buena parte de esa ansiedad proviene de una inteligente treta de guion, porque el espectador tarda en entender cómo esas vidas duplicadas se interconectan mutuamente, y por qué Judith se convierte en Margot cuando está en Suiza. Al contrario de lo que le ocurría al protagonista de “El adversario”, que gastaba las horas muertas en su coche para fingir que seguía trabajando como médico de la OMS en Ginebra, Judith tiene que afrontar una actividad frenética. El tiempo la persigue, buscando una solución plausible a todos los frentes que tiene abiertos.

“Madeleine Collins” acaba convirtiéndose en una película sobre la identidad contemporánea, sobre ese sujeto esquizofrénico que Fredric Jameson proclamaba como protagonista de la posmodernidad. Entre los yoes escindidos y las llamadas perdidas, existe también la ignorancia del que no quiere ver más allá de su comodidad burguesa. Es una pena que, a medida que el castillo de mentiras se desmorona, y Judith se convierte en alguien que no existe, la película tome algunas decisiones discutibles, que la escoran hacia una mezcla de melodrama familiar y thriller psicótico que no está a la altura de las expectativas del planteamiento de la trama.

Lo mejor

El planteamiento de la trama, intrigante y angustioso, y la interpretación de Virginie Efira.

Lo peor

Cuando se revela el secreto, la película se precipita hacia derroteros un tanto efectistas.