Sección patrocinada por

Inédito

Berlanga. El día que el marqués de Leguineche quiso ser Zar de Rusia

Pepitas de Calabaza publica el guion inédito «¡Viva Rusia!», la última colaboración entre Berlanga y Azcona

Fotografía de archivo del cineasta Luis García Berlanga
Fotografía de archivo del cineasta Luis García Berlanga ESTEBAN COBO EFE

Estamos a las puertas de 1992. ¿Recuerdan ese año? Todo parecía perfecto en un país que estaba a punto de celebrar los Juegos Olímpicos en Barcelona y, en Sevilla, la Exposición Universal, además de conmemorar el quinto centenario de la llegada de Colón a otro continente. La economía iba bien, aunque no tardaría, tras todos estos fastos, en llegar una importante crisis que demostraría que no todo era oro, como se nos había prometido. Es en ese tiempo cuando aterriza en el aeropuerto de Barajas un avión del que desciende Luis José, el hijo del marqués de Leguineche. No está solo. Con él viajan un grupo de ancianos, los últimos exiliados. Ese es el punto de partida de la que debía ser la última entrega de la saga creada por Luis García Berlanga y Rafael Azcona, iniciada con «La escopeta nacional» y que continuaría con «Patrimonio Nacional» y «Nacional III». En un principio debía titularse «Nacional IV», pero finalmente se optó por «¡Viva Rusia!». Nunca se llegó a rodar, pero ahora se puede leer al convertirse en libro.

La próxima semana Pepitas de Calabaza publica el texto que ha permanecido inédito durante mucho tiempo hasta que el pasado año volvió a la luz. El guion fue escrito por Berlanga y Azcona, además de contar con la participación de los escritores Jorge Berlanga y Manuel Hidalgo. Este último es el encargado de explicar en esta edición el origen de un proyecto que no se pudo materializar.

Mientras filmaba la película de Fernando Fernán Gómez, «Fuera de juego», fallecía el 16 de febrero de 1991 Luis Escobar, marqués de las Marismas del Guadalquivir. Quien fuera uno de los más destacados y renovadores directores de teatro había saltado a la gran pantalla con mucho éxito gracias a Luis García Berlanga que lo convirtió en el marqués de Leguineche en la muy coral «La escopeta nacional». Tanto Berlanga como Azcona coincidieron en el hecho de que en la última entrega de la saga Nacional había que darle al marqués el protagonismo que se merecía. Eso es lo que debía ser «Nacional IV», pero la inesperada muerte de Escobar hizo que se fueran al traste los planes cinematográficos del dúo Berlanga-Azcona y que iba a producir Alfredo Matas.

Había que rehacerlo todo y a contrarreloj. Sin embargo, Azcona había tenido suficiente. La relación con Berlanga se había enfriado mucho, algo que quedó de manifiesto durante la producción de «Moros y cristianos». Así que el que había sido inseparable guionista de Berlanga en clásicos como «El verdugo» o «Plácido» decidió dejar el proyecto. No fue el único. Alfredo Matas, el inseparable productor de Berlanga desde «Plácido», también se echó atrás y le pasó el testigo a Andrés Vicente Gómez. Fue en ese momento cuando se buscó a alguien que pudiera trabajar en una nueva versión del texto. Fue ahí donde entró el escritor Manuel Hidalgo.

Hidalgo conocía a Berlanga y le había dedicado, junto con Juan Hernández Les, un estupendo libro de conversaciones que se publicó en 1981. Igualmente tenía amistad con Jorge Berlanga con quien había coincidido en reuniones en el chalé familiar de Somosaguas. Explica Hidalgo en la introducción del libro que finalmente se le ofreció participar en el proyecto durante una reunión en las oficinas de Vicente Gómez. « Ese día me propusieron participar en la escritura de la película y me entregaron una versión del guion –que conservo– de 163 folios en una carpetilla de plástico. Luis, Jorge y Andrés estaban de acuerdo en que esa versión –que ya empezaba por el regreso a España de Luis José (José Luis López Vázquez) para el funeral y entierro de su padre (el marqués de Leguineche)– necesitaba una reforma en profundidad, solo fuera por su desmesurada extensión».

La división azul

Entre los cambios que se hicieron destacó el del título que dejó de ser el reiterativo «Nacional IV» para pasar a un contundente y provocador «¡Viva Rusia!». Había motivo para ello. Por un lado era una manera de aludir de manera irónica y soterrada al paso por la División Azul no solo del mismo Berlanga sino de uno de sus actores fetiches, Luis Ciges, que en la serie tenía el papel de Segundo, el ayudante del Luis José que interpretaba José Luis López Vázquez. Por otra parte, era también una manera de referirse a una de las tramas.

La serie siempre estuvo vinculada a la actualidad. En «La escopeta nacional» nos encontramos los últimos coletazos del franquismo y la corrupción que había a su alrededor; en «Patrimonio nacional» la llegada de la democracia; y en «Nacional III» la España que se mueve entre el 23-F y el nuevo maná que parecía traer la celebración del Mundial de Fútbol del 82. En esta ocasión, el guion se apoyaba en los cambios que se producían en la Europa del Este tras el paso de Gorbachov por el Kremlin. La finca de los Leguineche ya no se llamaba Los Tejadillos sino Can Canivell porque había pasado a manos de Canivell, el de los porteros automáticos de «La escopeta nacional» que interpretaba Saza. Son varios los personajes que se recuperan en este cuarto capítulo como el Padre Calvo (Agustín González), la ex esposa tuerta (Amparo Soler Leal), la criada Viti (Chus Lampreave), el criado Segundo (Luis Ciges) o el primo Álvaro (José Luis de Vilallonga). Es en este jardín en el que Luis José (José Luis López Vázquez) como uno de los candidatos a ocupar la corte de San Petersburgo, una trama divertidísima y que haría imposible que Putin hoy gobernara.

El entierro del marqués

Reproducimos una escena de «¡Viva Rusia!» donde tiene lugar el entierro del marqués de Leguineche con la presencia de algunos de los personajes de la trilogía iniciada con «La escopeta nacional»

Berlanga, en el centro y con José Sazatornil e Isabel Mulá, en el rodaje de «La escopeta nacional»
Berlanga, en el centro y con José Sazatornil e Isabel Mulá, en el rodaje de «La escopeta nacional» BERLANGA FILM MUSEUM LA RAZON

5.- Mausoleo. Int. Día

El Padre Calvo, junto con un par de albañiles, se esfuerza por sacar una lápida de un nicho.

Entra Luis José y se percata de lo que están haciendo.

Luis José: ¡Pe… pero si es el nicho de mamá...!

Viti: Comprenda usted, don Luis José, a mí tampoco me hace gracia, pero el panteón está completo y no hay más remedio que dejar que el señor marqués duerma por los restos con la señora marquesa.

Luis José: ¡Que no, que no dormirá! ¡Nichos separados! ¡Nichos separados! Que él lo decía siempre.

Chus: Tú, a callar, que nadie te ha dado vela en este entierro. Ande, padre, oficie de una vez.

Padre Calvo: Aquí se respeta el vínculo eterno del matrimonio. Y si la vida los separó, que la muerte los junte.

Un albañil pega un tirón a la lápida, que se suelta, y de pronto salen disparados unos grandes pies con zapatones blancos.

Segundo: ¡Coño, ha estirao las patas!

El Padre Calvo se asoma al nicho, en el que está el cadáver momificado de la marquesa vestida de enfermera de la Cruz Roja.

Padre Calvo: (Impresionado) Incorrupta, está incorrupta.

Luis José sufre un desvanecimiento. Los guardias tratan de reanimarlo con agua bendita, mientras el Padre Calvo lo sopapea.

Padre Calvo: Saquemos a la santa...

Retiran restos de polvo y maderas y sacan la momia de la marquesa, que tiene una cara terrorífica, crispada, y las manos en guardia como garras. Abren el ataúd del marqués y la depositan en él.

Luis José: (Sollozando) ¡No, noooo...!

Padre Calvo: Nos hemos reunido aquí para darle el último adiós al marqués de Leguineche. Que el Señor, con su infinita misericordia, lo acoja en su seno. Mucho tendrá que perdonar a este pecador (excitándose) al que la muerte sorprendió en plena lujuria (lanza una mirada criminal a Viti, que abre su abanico y disimula). Ancho es el reino de los cielos para dar cabida a las ovejas más descarriadas (excitándose otra vez) que no dudaron en conchabarse con Lucifer en vida. Recemos por su salvación y por su felicidad eterna en compañía de su santa esposa. Requiescat in pace. (Suelta unos latinajos y da orden tajante a los albañiles) ¡A su sitio!

Luis José: (Recuperándose, desesperado) ¡Con mamá, no! ¡Con mamá, noooo! ¡Nichos separados! ¡Nichos separados! (Meten la caja) ¡Papaaaaaá!

Se escucha como vuelven a colocar la lápida con un rotundo golpe. Los pocos asistentes van dando el pésame a Luis José, siempre esposado, menos Chus, que hace gesto de escupir al suelo.

Chus: Mala yerba nunca muere.

Los guardias se llevan a Luis José.

Álvaro: No te preocupes, seguro que se puede hacer algo con tu caso. Cerrillo irá a visitarte.

Luis José: ¡No, noooo! (Aterrorizado) ¡Cerrillo, nooooo!