Así es el hombre que atacó a Salman Rushdie

Para muchos fanáticos, es ya un auténtico héroe por haber intentado ejecutar la “fatua”

El novelista Salman Rushdie, como lo fueron los trabajadores de la revista satírica francesa “Charlie Hebdó”, 12 de cuyos miembros (hay que sumar a una agente muerta después) fueron asesinados en enero de 1985 en París, son víctimas del fanatismo religioso que hace “intocable” al profeta de los musulmanes, Mahoma, al que no se puede criticar ni mucho menos representar gráficamente en viñetas. Rushdie cometió la osadía de escribir su novela “Los versos satánicos” que enfureció a los musulmanes más radicales ya que hablaba, en tono irónico, de tres diosas preislámicas: Allat, Uzza y Manat, en una conjunción satánica que confundió a Mahoma con las palabras que él pensaba que le había dirigido Alá. Inmediatamente, el lider de Irán, el ayatolá Jomeini, dictó una fatua (edicto religioso de obligado cumplimiento) para que se diera muerte al autor del libro y a todos los que tuvieran algo que ver con la obra. Lo han intentado en varias ocasiones desde 1989, cuando se dictó la orden criminal, pero, al fin, han conseguido, al menos herirle de extrema gravedad.

Precisamente, los primeros vínculos del supuesto autor de la agresión, conducen a Irán y al temido Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y con los chiitas. Haya sido por una inspiración y apoyo externo, o por iniciativa propia, parece claro que Hadi Matar, un hombre de 24 años de Fairview, Nueva Jersey, que compró un pase para el evento en la Institución Chautauqua del oeste de Nueva York, actuaba bajo el manto de ese fanatismo, el mismo que lleva a las bandas yihadistas a asesinar a miles de cristianos en todo el mundo bajo el principio de que no hay otra religión que la musulmana siempre bajo su interpretación más rigorista, la sharia. El Islam es practicado en el mundo por millones de fieles que nada tienen que ver con estos fanáticos, pero lo cierto es que Matar es ya, en las redes sociales afines, un auténtico héroe por haber ejecutado la “fatua”.

Asesinar a un novelista

Lo mismo que buscaban los asesinos de París cuando atacaron a la revista satírica; o los que queman iglesias, un día sí y el otro también en África; o el que ha intentado asesinar al novelista, tienen el mismo fin: la imposición de sus creencias a los demás y la advertencia de que cualquier religión o sus fieles pueden ser puestos en cuestión salvo los propios (y, dentro de ese mundo, los que no siguen la sharia).

Matar es el típico ejemplo de los inmigrantes de segunda generación. De familia de origen libanés, nació en California y recientemente se mudó a Nueva Jersey. No terminó de adaptarse al mundo de la democracia y de las libertades que representa los Estados Unidos. Ali Tehfe, alcalde de Yaroun en el sur de Líbano, dijo que el sospechoso era el hijo de un hombre de la ciudad. Los padres del sospechoso emigraron a Estados Unidos y él nació y creció allí. Las agencias informan de que no ha habido una reacción oficial del gobierno en Irán al ataque contra Rushdie, pero varios periódicos iraníes de línea dura expresaron elogios por su agresor.

El apuñalamiento fue condenado por escritores y políticos de todo el mundo como un ataque a la libertad de expresión. No valen sólo las condenas. Ni menos promover que, a partir de ahora, se ataque al profeta Mahoma, que debe ser respetado, como los de otras religiones. Hay que mandar un mensaje claro a los fanáticos en el sentido de jamás impondrán sus barbaridades y que, si no fuera porque matan y destruyen, no dejarían de ser un subgrupo humano patético llamado a ejercer la reflexión en la cárcel que les correspondiera.

Atentado de Charlie Hebdo, del cuál Peter Cherif es el presunto cabecilla / REUTERS
Atentado de Charlie Hebdo, del cuál Peter Cherif es el presunto cabecilla / REUTERS