A todo Pop

El Museo Thyssen-Bornemisza se acerca a este movimiento «efímero, barato, sexy, divertido y glamouroso» como lo definió Richard Hamilton, uno de sus creadores

Tres letras que estallan y un movimiento que goza de una excelente salud y al que el Museo Thyssen-Bornemisza quiere aproximarse de una manera distinta a partir del día 10 de junio y rastrear cómo fueron las obras de estos grandes nombres del arte que dieron una segunda vida a los viejos géneros. Ellos, a través de sus cuadros, reformularon el bodegón y la naturaleza muerta, repintaron el paisaje y amoldaron la pintura de historia y el retrato. Ésa es la idea que ha mantenido la comisaria, Paloma Alarcó, jefa de conservación de pintura moderna, y que desarrolla a lo largo del más de centenar de obras que se exponen: «Es como si cerráramos el círculo. Primero están los clásicos, estos artistas beben de ellos y los reinterpretan a su modo y dejan como legado sus cuadros. Revisan la tradición», asegura. Quien espere ver una macroexposición debe quedar advertido de que ésta no es esa muestra, sino una exhibición tan curiosa como interesante y completa que proponemos desmenuzar a través de diez palabras, diez términos que están presentes allí, en las salas. Son nuestras diez claves del pop.Y ellos son Adami, Arroyo, Butí, Cauldfield, Equipo Crónica, Jasper Johns, Allen Jones, Lichtenstein, Lindberg, Oldenburg, Polke, Darío Villalba, Warhol, Wesselman... para abrir boca. Hay más.

AMARILLO

Osada ha sido la idea de pintar de este color la entrada a modo de recibimiento de esta muestra, en la que para abrir boca de lo que nos espera dentro, saluda un imponente Warhol: Marilyn a la enésima potencia. «Cuando comenté que quería el amarillo para esta sala se quedaron un tanto sorprendidos. No es un color chillón y es el mismo que podemos encontrar en las obras de Lichtenstein. Es el color». Ahí está, sobrio y divertido al tiempo, anticipando las obras de quien es uno de los grandes nombres del arte pop. Sobre una de las paredes se ha colocado un inmenso neón; ¿adivinan con qué tres palabras?, que se ha convertido ya, antes de la inauguración de la muestra, en un reclamo fotográfico.

BODEGÓN

Las naturalezas muertas cobran una segunda vida y se llenan de color. «No hay más que mirar la obra de Valerio Adami, un interior, o el impresionante bodegón de Wesselman para darse cuenta de que entroncan con esa tradición de la pintura holandesa del siglo XVII», señala Alarcó. La jarra ahora es una botella de Coca-Cola; las flores siguen estando, lo mismo que los alimentos, representados en «Naturaleza muerta n. 34» por una pera, y los objetos, como una taza o un mantel, se han transformado en un paquete de cigarrillos y un par de nueces. Ahí está el florero de Polke, de 1965, o una obra única, «Tortitas y salchichas» (1962) de Claes Oldenburg, hecha a mano cosiendo telas para que tengan la forman de dulces (el plato no, es de porcelana).

revistas

Las paredes de los estudios de los señores del pop estaban cubiertas de recortes, de imágenes arrancadas de revistas. «Ellos se nutrían de imágenes», recalca la comisaria, fotografía que reutilizaban para crear sus obras y sus collages. Lo botes de pintura y los pinceles hacen hueco a las publicaciones y las tijeras: miran, estudian, recortan, pegan y crean. La engañosa, sólo en apariencia, banalidad de sus imágenes no es tal, «pues lo que esconde es un código distinto, otra manera de ver la realidad a la que ellos están permanentemente conectados» para Alarcó. Saben lo que está sucediendo y lo tamizan.

RICHARD HAMILTON

El artista inglés (a quien el Museo Reina Sofía dedicará una exhaustiva exposición a partir del 24 de junio, no habrá, pues, verano más pop[ular] que éste de Madrid) es el alfa y el omega, más correctamente podemos asegurar que su obra «¿Qué es lo que hizo que los hogares de ayer fueran tan diferentes y tan atractivos?», de la que en esta exposición se muestra un grabado láser en color de 1992, contiene todos los elementos que definirán al movimiento, del primero al último: el culto al cuerpo y a la apariencia está ejemplificado en el hombre musculoso y en la señora que está sentada en un sofá; la idea de confort, bienestar y sociedad de consumo (atención a la aspiradora) está presente en cada detalle de la habitación y en el mobiliario; las fuentes clásicas, también, en el cuadro antiguo de una de las paredes, lo mismo que el cómic, que adorna otra; el magnetófono, la televisión y el periódico dan medida del auge de los «mass-media» y de la revolución que están provocando. «Hay una fuerte carga irónica en esta obra: América es el paraíso, aunque no tanto»; asegura Alarcó. Mirar para ver.

HOLLYWOOD

«El cine nutre las obras. Las estrellas están presentes en muchas de ellas.Existe una verdadera fascinación por el glamour de James Dean (a quien inmortaliza Ray Johnson fumando un Lucky Strike en 1957), el multirrepresentado rostro de Marilyn o la elegante sobriedad de Lauren Bacall en «Escrito sobre el viento», de 1963 y a quien homenajea Alex Katz en un inmenso cuadro siete años después como «Silvia». Son una fuente inagotable y fecunda de inspiración», comenta. ¿No es acaso un guiño «Mujer en el baño» de Lichtenstein (1963) al cine de Hitchcock? Warhol siente veneración. Prueba de ello es, por ejemplo, el retrato que inmortaliza a Marlon Brando, con esa pose chulesca junto a su moto: vuelve el hombre. Para Mimmo Rotella Elizabeth Taylor siempre será «Cleopatra», un precioso decollage sobre lienzo de 1963. Los ídolos de la música también dejan su impronta, como los Beatles, de la mano de Peter Blake, o la impresionante serigrafía de Hamilton sobre los Rolling Stones, de 1972, basada en la fotografía (los medios, siempre en el punto de mira) hecha a Mick Jagger en los setenta cuando se le detuvo por posesión de marihuana.

MARILYN MONROE

Ella merece un epígrafe propio. Si Andy Warhol es el artista más representado en la muestra, pues cuelgan de él más de una veintena de obras, la actriz nos mira casi desde cada sala. Peter Philips utiliza su lado más sensual en «Sólo para hombres», un famoso eslogan de los años sesenta, y Volf Vostell la deconstruye: su imagen repetida más de diez veces nos presenta al ídolo con la cara descubierta, tapada, tachada. El particular homenaje de Pauline Boty («una artista que hemos rescatado, de las escasas mujeres pop que hay», comentá la comisaria) es a la actriz ya fallecida: Marilyn está preciosa, aunque ya hay que visitarla en su tumba. Y Warhol, que la ha querido tanto, la llora, la echa de menos y se desespera ante su muerte. «Se le ha ido su ídolo. Repetirá su imagen. Es la idea del arte sobre el arte», explica. El artista de pelo blanco comenzó su serie poco después de la muerte de la actriz. Y no será la única.

ESPAÑA

El pop inglés y americano reinan en la muestra, pero Europa no deja de estar presente. En España se han recuperado varias piezas impresionantes de Darío Villalba, el icónico «Abrazo» de Genovés o los irónicos acrílicos y lienzos del Equipo Realidad y el Equipo Crónica, que reinterpreta «Las Meninas» en la abigarrada «La salita» (1970) en la que no falta ni un patito de goma playero, mientras a Eduardo Arroyo, el arte le trae de cabeza: fíjense si no en el cuadro tardío que cierra «Mitos del pop», «Vestido bajando la escalera» (1976), una obra procedente del IVAM en la que pinta a Duchamp, por quien no siente la menor afinidad, de cabeza.

«W»: WARHOL Y WESSELMAN

Es, qué duda cabe, una de las letras capitales del abecedario pop. Las obras de Andy y Tom poco tienen que ver entre sí. El primero es la fuerza, el torbellino, los minutos de gloria que se convierten en vida entera. Es el artista que gana por goleada en «Mitos del pop». Y es que no hay manera de entender el movimiento sin su cabeza. Serigrafías con sus mitos de cabecera; estarcidos en los que una palabra se repite casi hasta el infinito o la caja del estropajo jabonoso Brillo (que es de madera) se verán en Madrid. Y sus autorretratos. Destaca uno, a modo de «memento mori», en el que se le ve a punto de ser estrangulado por sí mismo. Sobrecogedor. «Es un momento clave para él, pues lo realiza después de sufrir el intento de asesinato a manos de Valerie Solanas. Justo dos días después se producirá el de Kennedy», señala la comisaria, y pintará a Jackie como homenaje. Wesselamn es el polo opuesto. Sus obras piden a gritos una mirada: son una celebración del color («Gran desnudo americano n.21 y n. 31» merecen un mirada detenida).

NEONES

La publicidad es otro de los materiales con los que fabrican sus piezas: y es que la publicidad es eso. Y estos artistas caen rendidos a sus pies. El inmenso neón que antecede la exposición ya lo dice. Y Robert Indiana se hace eco en «EAT eléctrico», con tres letras que parecen recién sacadas de la publicidad de las galletitas saladas Riz.

HISTORIA

«El pop se encuentra en un proceso de reelaboración en el que aún estamos inmersos», asevera para hilar con la idea de la influencia de la realidad en sus obras: «Warhol, por ejemplo, frente a lo que se pueda pensar, es un cronista del momento, da fe en sus obras de todo lo que está sucediendo: la silla eléctrica, la llegada del hombre a la Luna, Jackie Kennedy. Deja ver que es un artista con una enorme sensibilidad. No se dedicaba únicamente a trabajar en su estudio y nada más».