«Alguien que amas»: vivir solo es imposible

El Festival de Setúbal, entre el vodevil y las nuevas tecnologías

Sobre la comedia se podría llenar páginas y páginas, hacer una lista de títulos señeros y seguro, completamente seguro estoy que no figurarían ninguno d elos dos títulos que hemos podido ver estos días el Festival de Setúbal, que entregará sus pfremios mañana. Una es la cinta israelí titulada "Cupcakes", dirigida por Eytan Fox, que ha tenido la brillante idea de parodiar al Festival de Eurovisión, como si el encuentro no fuera ya de por sí una parodia en sí mismo. La realización es torpe, destila un tufillo a vieja y rancia película en el sentido peyorativo del término. Si en el mayo francés se gritaba aquello de "La imaginación al poder", ahora la frase debería cambiarse por "La imaginación al cine". Distinta, aunque tampoco pasará a la posteridad es "The Priest's Children", una cinta croata de Vinko Bresan en la que un decreto papal que permitirá el uso del preservativo en determinadas ocasiones va a desembocar en un tremendo lío en el que se mezclan un sacerdote, un quiosquero, un farmacéutico, un obispo y su criada... En fin, un tremendo vodevil que recuerda a aquellos aque hemos visto en un escenario de puertas que se abren y se cierran sin parar, de personajes que entran y salen, de malentendidos... La película goza de algunos gags que resultan francamente divertidos, aunque patine a la hora de lograr determinadas situaciones.Comedias aparte, el certamen ha ofrecido una buena cinta "Alguien que amas"(nada que ver con Coixet), que dirige la danesa Pernille Fischer Christensen, sobre un afamado cantautor con residencia en Los Ángeles que regresa a su país de nacimiento para grabar un disco con su discográfica de toda la vida. La realidad que encuentra será durísima, al hallarse frente a su hija drogadicta y a su nieto de once años del que desconocía su existencia. Este individuo, violento y egoísta, se irá dando cuenta con el paso del tiempo de que solo no se puede vivir. Un trabajo muy bien desarrollado, sobre todo las secuencias de la grabación. Y es que el cine nórdico suele acertar con sus películas, justo lo contrario de lo que sucedió con la holandesa "Finn", de Frans Weisz, absolutamente prescindible y cuya inclusión de elementos fantásticos le harían más propia de un festival como el de Sitges o de una película infantil si los niños actuales no tuvieran teléfono móvil, ordenador y televisión, pues a los diez minutos de metraje desaparece el interés. La conclusión que uno extrae al verla es que culaquiera puede hacer una película con una cámara digital.