Cultura

Ana Guerra: «La música no puede denigrar a la mujer»

La cantante nos habla entusiasmada de su nuevo single «Sayonara» que salió a la luz la semana pasada de la nueva gira que hará con Cepeda a partir de septiembre.

La cantante nos habla entusiasmada de su nuevo single «Sayonara» que salió a la luz la semana pasada de la nueva gira que hará con Cepeda a partir de septiembre.

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Llega a nuestra cita en el Barrutia y el 9, en Madrid, con su vaso de Aladdin. Hace poco que vio el musical en Nueva York y todavía está emocionada. Le da un sorbo a su té mientras preparamos el «set» para la entrevista.

Es pronto y ella es muy dormilona, así que le viene bien para terminar de despejarse. Tiene horas de sueño acumuladas y muchas agujetas después de una gira de infarto, pero nos habla entusiasmada de su nuevo single «Sayonara» que salió a la luz la semana pasada de la nueva gira que hará con Cepeda a partir de septiembre.

Lo suyo es hacer honor a su apellido, no para de dar guerra, en el buen sentido de la palabra, claro está...

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Yo he llegado hasta aquí para dar guerra sí, intento estar en este mundo, mantenerme... He venido para quedarme. Sé que el mundo de la música es complicado, pero lucharé hasta el final.

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Otra batalla es la del gen machista del reguetón. ¿Dónde está el límite?

Todo el mundo es libre para hacer la música que quiera. Pero, bajo mis principios hay una línea que no se debe cruzar. No se puede denigrar a la mujer. Esto no ocurre solo con el reguetón sino en la vida en general, habría que empezar cambiando estas letras para después hacerlo con el mundo.

¿Cuál es el micromachismo que más rabia le da?

Por ejemplo, cuando en un restaurante le dan a probar el vino al hombre. Cuando ocurre eso le digo al camarero: «Estaría muy bien que usted preguntara quién quiere probarlo y no dar por hecho que va a ser él». No me callo, tengo carácter y si no me gusta algo lo digo.

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O sea que no es tan «dulce» como parece a primera vista...

Por mi cara parezco una niña dulce, pero tengo mucho genio, desde niña. Si me enfado lo hago hasta el final. Soy muy orgullosa y todo el mundo tiene su carácter, otra cosa es que no lo saque. Nadie está exento de ese lado más oscuro, yo también lo tengo.

Antes de ser ídolo fue fan. ¿Qué locura hizo por conocer a sus iconos?

Un día me hice pasar por la sobrina de Juan Luis Guerra para cantar con él. Llevaba una letra de una canción para cantarla a dos voces y me colé hasta donde estaba él.

¿Es más fácil subirse a un escenario que lidiar con la clientela de un bar?

(Risas) He trabajado de muchas cosas en mi vida para sacarme las perrillas: de camarera, de asesora de perfumes, cantaba por la calle... Cada cosa tiene lo suyo. También me monté una consulta ilegal de masajes porque me gusta mucho darlos. ¡He hecho de todo!

¿Y les cantaba mientras masajeaba sus dorsales?

En el bar sí, lo mismo te servía un ron que te cantaba algo, pero dando masajes, no. Imagínate qué susto para el hombre que le estás dando un masaje y te pones a cantar. Uy adiós... saldría corriendo.

Se ha abierto la guerra del «bikinifaja» entre Aitana y usted. ¿Quién fue la primera en deleitarnos con este arriesgado «look»?

Seguro que Aitana, cien por cien. Yo soy la mujer antimoda, no me entero de nada, de qué es tendencia y qué no.

Será la calma chicha...

Uy, los canarios seguro que saben de to más que yo y están más actualizados. Lo que me pasa a mí es que soy una viejoven. Soy muy tradicional, una chica clásica, me gustan tangos, boleros, no sé lo que está a la moda, yo voy a mi rollo, además no salgo de fiesta.

¿Qué le da pereza de la fama?

Madrugar, lo llevo muy mal, lo odio. Me puedo pasar durmiendo 16 horas seguidas sin levantarme ni siquiera para ir al baño. Tengo un problema lo sé. Dicen que con la edad esto se pasa porque se libera menos serotonina y cada vez duermes menos. Espero que sea así para poder recuperar el tiempo perdido (sonríe). La verdad es que no pensaba que esta profesión fuera tan dura.

¿Cómo espanta a los moscones?

Como no salgo no doy pie a que vengan los moscones y la gente de mi entorno es la de siempre. Tampoco soy de las personas que van de photocall en photocall como una pelota de ping pong. Así me evito ese tipo de situaciones.