La Venus que no vio Rohani

Tiene casi dos metros de altura y es una copia romana de la original de Praxíteles que se encuentra en los Museos Capitolinos. Durante la visita del presidente de Irán se cubrió como señal de respeto a la cultura iraní chií

Tiene casi dos metros de altura y es una copia romana de la original de Praxíteles que se encuentra en los Museos Capitolinos. Durante la visita del presidente de Irán se cubrió como señal de respeto a la cultura iraní chií

El presidente de Irán, Hasán Rouhaní, ha visitado Europa por primera vez tras nueve años de embargo aplicado por Occidente a su país. El objetivo de su breve gira ha sido relanzar las relaciones económicas con el Viejo Continente. Su primera visita ha sido a Italia, su segundo aliado comercial en Europa después de Alemania. Entre las anécdotas más destacadas, hay una polémica relacionada con el arte y una decisión ceremonial. En la visita a los Museos Capitolinos de Roma el pasado lunes, junto al presidente del gobierno italiano Matteo Renzi; diversas estatuas desnudas fueron tapadas para no herir la sensibilidad del mandatario asiático, como forma de respeto a la cultura iraní chií, cuyas leyes morales tras la Revolución de 1979 son muy férreas al respecto: el desnudo, especialmente el femenino, está totalmente prohibido.

Entre las obras tapadas se encuentra la «Venus Esquilina», una escultura de mármol del siglo II d.C. que representa la conocida diosa clásica completamente desnuda, cuya única prenda son un par de sandalias. En la escena, se recoge el pelo con una venda. Presenta unos rizos a la altura de la frente, recordando más bien al estilo severo masculino unos 5-6 siglos antes. La obra, de rostro reluciente y carente de brazos, pertenece a la época del emperador Adriano (117-138 d.C.). Se presenta apoyada sobre la pierna derecha, y tanto la cabeza como el busto están inclinados hacia adelante y a la derecha. La pierna izquierda está ligeramente fle-xionada. La base de la obra, sobre la que se apoya el cuerpo de Venus a través de la pierna derecha, está compuesto por un ánfora larga y estrecha con elementos del Antiguo Egipto, como el papiro o las espiras de serpiente. En su conjunto, esta obra puede asociarse en su composición general al «Diadumeno» de Policleto, del siglo V a. C. Es una de las piezas más envidiadas de los Museos Capitolinos de Roma.

Pero también hay otra «Venus» en la lista de obras censuradas y, si cabe, aún más célebre. Se trata de la «Venus Capitolina», una escultura de mármol de casi dos metros (1,93 m); una copia romana de un original griego de Praxíteles del siglo IV a.C. que decoraba por aquel entonces una playa del Mar Egeo. Fue encontrada en la colina del Viminal en 1670, enterrada en un jardín de un viejo edificio. Más de 80 años después, fue adquirida y donada por el Papa Benedicto XIV en 1752. Es, probablemente, la obra-símbolo de la célebre galería presente en la colina del Campidoglio. La obra representa Afrodita al salir de un baño, pero cubriéndose las partes más íntimas, por ello se la cataloga como una «Venus Modesta» o «Venus Púdica». El ánfora presente a su lado derecho (mirándola de frente) podría aludir a un baño o al mítico nacimiento de esta diosa clásica a partir de la espuma del mar. Pero su pecho desnudo, para la Italia de hoy, era demasiado atrevido de cara a la visita del mandatario persa: «La “Venus Capitolina” se ha convertido en un zapatero de Ikea», dijo con su habitual mordacidad el cómico italiano Maurizio Crozza en su programa de la cadena televisiva La 7. Para más provocación desde el humor, lanzó una pregunta: «Si el presidente iraní no puede ver cuerpos humanos desnudos ¿se ducha en la oscuridad para no ofenderse?».

Buscando responsables

Además del Dioniso Degli Horti Lamiani, también ha sido cubierta la escultura «Leda con el cisne», una pieza de mármol de 132 cm, de un original del escultor Timotheos. Es una representación escultórica del tema erótico de Leda y Zeus bajo la apariencia de un cisne. Leda, desnuda, es sorprendida mientras alza el manto con el brazo izquierdo para proteger al ave del águila acechante. La figura se apoya en un tronco de árbol colocado a la derecha. La estatua podría ser una reelaboración del grupo atribuido al artista griego Timotheos, del siglo IV a.C., que se difundió a través de numerosas réplicas a partir del siglo I a.C. Otras de las obras artísticas veladas para la visita del presidente de Irán, Hasán Ro-hani, es la estatua «Eros tensando el arco», pieza de mármol de 123 cm, adquirida y regalada por el pontífice Papa Benedicto XIV en 1753, un año más tarde de la «Venus Capitolina». Toma de un original de Lisipo, el escultor griego del siglo IV a.C., que también trabajó para Alejandro Magno.

La polémica en Italia se mantiene también en lo que se refiere a los tomadores de la decisión: ¿Quién ha querido que se taparan las esculturas? El gobierno italiano responsabiliza a la dirección de los Bienes Culturales del Ayuntamiento de Roma, y estos últimos hacen exactamente lo contrario. «La decisión de cubrir las estatuas ha sido incomprensible», opinó el ministro de Cultura itálico, Dario Franceschini: «Ni yo ni el presidente del Gobierno estábamos al corriente de esta elección».

A lo largo de la semana también ha sido llamativa una decisión ceremonial de Francia, lugar que Rouhaní ha visitado tras pasar por el país itálico. Ante la petición de Teherán de insertar un menú halal y de eliminar por completo el vino de las comidas oficiales; París ha optado por no organizar ningún almuerzo o cena de Estado.No es la primera vez que una tapadura artística suscita revuelo, incluso en Occidente. Se recuerda cómo, allá por el siglo XIX, la reina Victoria de Inglaterra pidió, directa o indirectamente, que una réplica del David de Miguel Ángel fuera velada en zona púbica con una enorme hoja de parra. El objetivo era que Su Majestad, junto a su marido Alberto, pudieran disfrutar de la obra sin rubores. Incluso en un capítulo de «Los Simpson», emitido en Estados Unidos el 20 de diciembre de 1990, (capítulo 9, temporada 2); aparece el célebre David en una exposición de Springfield, cubierto con unos pantalones vaqueros.

Los Museos Capitolinos de Roma no son sólo un conjunto de galerías de arte. Fundados en 1734, son la sede museística pú-blica más antigua del mundo. En la colina donde se encuentran, el Campidoglio, en la antigüedad ése era el centro religioso y político de la ciudad; allá donde aparecieron templos grandiosos como el del Júpiter Capitolino, que dominaba con majestuosidad frente al Foro Romano. Miguel Ángel, en el siglo XVI, fue el encargado de diseñar el actual aspecto de la Plaza del Campidoglio, sede hoy del Ayuntamiento de Roma. Con todos los detalles, fue completada definitivamente en 1940, ya en la era de Mussolini, el mismo año que Italia entró en la Segunda Guerra Mundial.

¿Ha sido correcta la decisión de tapar algunas obras de los Museos Capitolinos de Roma, protagonizadas por desnudos, para no ofender la sensibilidad de un mandatario extranjero? Dicha elección ha sido dictada, sin duda, por una actitud tan sumamente universal como la de respetar los valores de un invitado, con el objetivo de hacerle sentir más cómodo, algo que engrandece un buen anfitrión: «Los italianos son muy hospitales, hacen de todo para agradar a sus invitados y les doy las gracias por esto», explicó con sinceridad y educación Rouhaní. Pe-ro: ¿qué hay de malo en que un huésped aprecie otra cultura, por ejemplo, a través del arte, tal como se presente? Incluso partiendo de un relativismo cultural, muchas veces, y más en diplomacia, lo cortés no quita lo valiente.

Antes y Después. Cajas para las «vergüenzas»

Estas dos fotografías muestran cómo se ocultaron con cajas algunas estatuas de los Museos Capitolinos para que los desnudos que representaban no hiriesen la sensibilidad del presidente de Irán.