Pablo Jiménez Burillo abandona la dirección de la Fundación Mapfre

En su despedida anuncia la creación de una entrada conjunta con el Museo Reina Sofía para ver las obras del espacio Miró

Pablo Jiménez Burillo
Pablo Jiménez Burillo

En su despedida anuncia la creación de una entrada conjunta con el Museo Reina Sofía para ver las obras del espacio Miró

Después de 30 años y más de 500 exposiciones comisariadas, Pablo Jiménez Burillo abandona la dirección de la Fundación cultural de Mapfre. A sus espaldas queda un largo camino, que comenzó en 1988, y en el que ha habido algunos hitos incuestionables, como él mismo recordó ayer durante su despedida. Él fue el primero en abrir una sala con programación estable dedicada a la fotografía, en reivindicar la pintura española del siglo XIX, que dormía en un inmerecido desprecio o en una prejuiciosa infravaloración, trajo a Madrid a los mejores maestros impresionistas y expresionistas, gracias a sus acuerdos con los museos de París y, bajo su égida, se abrió una sala expositiva en Barcelona que se ha convertido en estos momentos en una de las referencias culturales ineludibles de la Ciudad Condal. Pero, también, es la mano que ha estado para firmar un acuerdo para que Madrid disfrute de un Espacio Miró, el que alberga la sede madrileña de esta institución. De hecho, ayer, quiso aprovechar la ocasión para dar una última noticia y adelantó que la Fundación Mapfre y el Reina Sofía han llegado a un acuerdo para sacar una entrada conjunta para que los visitantes que acudan al museo después puedan visitar también la obra del artista catalán que conservan ellos. Una colaboración que pretende facilitar al público el acceso a este creador y que formaría un paseo desde el museo, pasando por la fundación y que acabaría en el Palacio de Congresos donde el pintor hizo un inmenso mural en la fachada. “Nosotros apostamos desde el principio por una manera de mostrar el arte de una forma abierta y creo que, honestamente, hemos cambiado el gusto de la gente”. Pablo Jiménez Burillo ha ayudado a fijar mejor la figura de Nonell, a reivindicar las figuras de Romero de Torres o Joaquín Sorolla, unos creadores a los que ahora se dedican exposiciones fuera de España, e, incluso, se ha atrevido a asomarse a esos autores que han permanecido relegados, como son los academicistas, “los malos de la historia del arte”, como señaló él mismo ayer. “Lo importante es que hoy en día tenemos un lugar preciso, que continuamos teniendo libertad y que podemos ser más impertinentes y abordar propuestas que no son tan evidentes”. Cuando él llegó, contaba con un presupuesto que oscilaba entre un millón y dos millones de euros y durante estos años han llegado hasta 15, aunque ahora, justo después de una severa crisis que ha afectado a todos los planos de la cultura, ronde los diez. Una mejora indudable. “En este tiempo nunca ha habido ninguna clase de injerencia y se ha dejado trabajar de una manera profesional al equipo”, subrayó durante su adiós, aunque aún estaré al frente durante todo el mes de diciembre. “Lo que nadie quería hacer es lo que nosotros queremos hacer. Si un museo hace una clase de propuestas, no tiene ningún sentido que nosotros tomáramos ese camino”, apuntó ayer. Y, de hecho, su sucesora, Nadia Arroyo, que ha recogido el testigo que él deja, va a seguir con esta misma filosofía en el futuro, como lo prueba, de momento, las siguientes exposiciones que van a inaugurar, como la dedicada al fotógrafo norteamericano Anthony Hernandez, “De Chagall a Malévich: el arte en revolución” o la dedicada a Richard Learoyd.