Boadella: “Pusieron a Arturo Fernández de facha de un modo injusto”

El dramaturgo, que escribió “Ensayando a Don Juan” expresamente para el cómico, destaca su valía en todos los registros: “En Italia o Francia habría sido el actor más importante”

El dramaturgo Albert Boadella

El dramaturgo, que escribió “Ensayando a Don Juan” expresamente para el cómico, destaca su valía en todos los registros: “En Italia o Francia habría sido el actor más importante”

El dramaturgo y escritor Albert Boadella escribió expresamente para Arturo Fernández “Ensayando a Don Juan”, obra que estrenó en 2014 en los Teatros del Canal. Tras conocer el fallecimiento del actor a los 90 años, Boadella aseguraba a LA RAZÓN que hizo la obra pensando el intérprete por admiración. “Pude comprobar las dotes extraordinarias que tenía como actor. Tan formidables que podía mantener un silencio de 15 segundos, que es una barbaridad en escena, y mantener el hilo de conexión con el público. Fue de las cosas que más me impresionó”, recordaba Boadella. “Pocos podían hacer lo que él”.

En aquella obra, Boadella quiso mantener una doble tensión. La primera, la de Fernández con el personaje de Don Juan, un galán como él. “Él tenía un físico agraciado, una voz elegante y una naturalidad y simpatía que le salía por los cuatro costados. Sin embargo, en la obra nos planteamos reto de hacer ironías con el mito del donjuanismo. Incluso, al final, él interpretaba tanto al protagonista como al Comendador”. La otra tensión fue rodearle de actores jóvenes. “Eran, bueno, lo que son la mayoría de actores hoy en día. Jóvenes así, progres, izquierdosos. Y conflicto se generaba en el núcleo de la obra, porque él era un amante de un cierto clasicismo y las buenas maneras, la elegancia y la educación. Y estos actores jóvenes y progres eran todo lo contrario. Y yo presencié cómo todos aquellos jóvenes quedaron doblemente seducidos, por su trabajo en el ámbito teatral, pero también en lo personal, porque todos quedaron entusiasmados con Arturo”, explica Boadella.

Sobre el menosprecio que tuvo su carrera en algunos ámbitos de la crítica o de la crema de la intelectualidad, Boadella lo tiene claro: “Arturo Fernández nunca quiso hacer méritos políticos para acceder a determinadas prebendas. Él estaba contento y tenía suficiente: los teatros llenos, lo cual es mucho. Él hizo lo más importante que puede hacer un comediante, que es seducir al público. Por lo tanto, no necesitó nunca de alabar determinadas opciones políticas para conseguir participar de la sopa boba”, asegura. Como remarca Boadella, Fernández, “no tuvo nunca subvenciones. Era enormemente trabajador y consiguió ganarse la vida. A unos nos provoca admiración, pero a otros del gremio les provoca ciertos celos y envidias”.

“Si este hombre hubiera nacido en Francia o en Italia, habría sido el gran actor en todos los registros. Tenía el registro cómico y el trágico.Habría hecho los mejores Molieres o Pirandellos. Lo que sucede es que en España, nuestro gremio, especialmente después de la dictadura, tomó un camino del progre izquierdista por muchos motivos. Porque la izquierda es quien ha pagado mejor a los comediantes y la gente busca el pan. Y porque, como tuvo éxito en la dictadura, ya quedó como del otro lado. Y mis colegas, digamos, dramaturgos y directores, le dejaron como un “facha”. Aquí a la mínima que uno no esté con los de la ceja, ya es facha y eso le ocurrió tan injustamente como la realidad ha demostrado”.

El método de Arturo Fernández “era la experiencia”. “El conocimiento de lo que yo llamo la fisiología del público. Él conoce perfectamente la reacción del público ante una acción o palabra suya desde el escenario. Ese conocimiento profundo del oficio no se aprende en las escuelas. Es algo que lo da la práctica y no digo que no sean necesarias las escuelas para introducir en el oficio, pero la práctica es el 90 por ciento. Lo que provocas en el espectador es la esencia y el núcleo del oficio”.