Corea del Norte, ofensiva en la Concha

Una imagen del documental, en el que Cao de Benós sostiene que «no hay pensamiento único»
Una imagen del documental, en el que Cao de Benós sostiene que «no hay pensamiento único»

El español Cao de Benós protagoniza el documental «The Propaganda Game».

Una de dos: o Alejandro Cao de Benós es un cínico o todo lo que hemos oído sobre Corea del Norte es una gran mentira. Esta especie de «embajador» en España del país más hermético del mundo no duda en negar de plano todo lo que se le achaca al régimen. Ni existen campos de reeducación, ni está prohibido expresar opiniones propias ni se veta a los organismos internacionales. El problema, mantiene, es que los periodistas que llevó allí «han querido mofarse o dar un espectáculo sensacionalista». Es el caso, dice, de Jon Sistiaga o Jalis de la Serna, quienes entraron de su mano en Corea. Álvaro Longoria ha sido el siguiente en penetrar en los arcanos de este país, último bastión de la Guerra Fría. Da cuenta de ello en el documental «The Propaganda Game», presentado en la sección Zabaltegui. La cinta arranca con el siguiente planteamiento: «¿Qué hay de verdad en todo lo que escuchamos sobre Corea del Norte?». Para Cao de Benós, que se presenta con su uniforme norcoreano de gala, plagado de condecoraciones, nada de lo que se dice es cierto. «No existe el pensamiento único, cada persona puede expresar su opinión y hasta los desertores que han hablado en la ONU luego se han retractado. Lo único cierto es que existe la pena de muerte, sobre todo para militares, y campos de trabajo, para delincuentes. En 24 años ni he presenciado ni he oído nada de fusilamientos».

Según Álvaro Longoria, que estuvo 10 días rodando en Corea sin salirse del itinerario fijado y siempre acompañado de su «cicerón», Cao de Benós, éste «no es un farsante; él cree todo lo que dice y allí es una autoridad». El catalán, nacido en el 74, asegura que su trabajo con Corea del Norte le ha hecho perder tres trabajos en España «por tener una ideología diferente a la del sistema. Sufro la censura y la opresión del sistema capitalista». En cambio, en Pyongyang impera la felicidad, la vivienda para todos y la armonía. «Corea no es un peligro ni quiere atacar a nadie. Si queréis un sospechoso, sería Estados Unidos, que no nos deja vivir en paz». Ellos, y en concreto la CIA, están detrás de organismos como Amnistía Internacional y otras «ONG que utilizan como armas políticas».

El filme no sostiene una tesis, aspira a que el espectador saque sus conclusiones de una visita que, en muchos casos, recuerda a «El show de Truman». «No quería dictar cátedra, sino presentar un viaje en el que me sentí manipulado. Alejandro es una máquina de propaganda y Corea es maestra en eso. No tengo duda de que el itinerario estaba muy pensado, para ellos no hay nada peor que el periodista que quiere desmontar el decorado; es un ambiente hiper hostil, con todo un país preparado para protegerse del extranjero, con un modelo estalinista férreo que te indica qué tienes que pensar o ver en la tele. Un sistema duro y cerrado donde, o sigues las normas, o no puedes tener una vida normal. Ser disidente no es posible allí».