«Edén», San Sebastián es una «rave»

Mia Hansen-Love, junto a los actores, de izda. a dcha., Félix de Givy, Roman Kolinka, Arnaud Azoulay y Hugo Conzelman, ayer, en San Sebastián
Mia Hansen-Love, junto a los actores, de izda. a dcha., Félix de Givy, Roman Kolinka, Arnaud Azoulay y Hugo Conzelman, ayer, en San Sebastián

Dos tipos tratan de entrar a una discoteca. Pero no parecen estar en la lista VIP ¿Nombres? «Thomas y Guy Boy». Aparece alguien: «Déjalos pasar... son los Daft Punk». Es 1995. Veinte años después, la escena se repite. Pero entre medias, algo ha cambiado. La reacción del portero. En 1995 abre a unos desconocidos. En 2005, a unas celebridades de la música electrónica. Otra cosa también cambió en esas dos décadas: no todo el mundo subió como ellos. Hubo quien, como Cheers, hizo el camino inverso. «Edén», la nueva película de Mia Hansen-Love, es la crónica del auge y caída de un estilo de música, casi un estilo de vida: el «house party». Las barreras se difuminan para los profanos, que tratamos de entender dónde acaba el house, donde empieza el techno, donde el deep house, el «garage» (ojo, no confundir con el rock de garage)... Las respuestas las tendría Sven Hansen-Love, hermano de la directora, co-guionista del filme e inspirador directo: Paul, el protagonista (Félix de Givry), no es sino un trasunto de aquel joven Sven que en 1992 fundó el dúo Cheers y estuvo en el comienzo de todo aquel movimiento.

La cara B del hedonismo

Una etapa de libertad, ganas de pasarlo bien, baile y fiestas sin parar. Y, por supuesto, muchas drogas. Coca, éxtasis, alcohol y mesas de mezclas componen el cóctel de un filme para bailones con lección vital. «En la película se habla del sufrimiento o la incapacidad de llegar a la edad adulta», contaba ayer su directora. También es un retrato amargo del éxito y el fracaso con el que la autora francesa compite en San Sebastián. «He querido mostrar la cara B de ese mundo y esa música. Simplemente eso», aseguró ayer Hansen-Love. Y respondía así a si se trata de una película generacional: «Lo que contamos forma parte de mi generación, pero no tanto de la de los actores de la película. Para mí hay un contraste entre la generación de mi hermano, que hoy tiene 40 años, y la mía, que estoy en la de los 30. Nos costaba mucho convertirnos en adultos, sí. La generación de Félix la forma gente mucho más responsable, les preocupa más ganarse la vida. Las cosas han cambiado. Por supuesto que los jovenes siguen divirtiéndose, pero ya no tienen esa actitud casi naïve, ese hedonismo que se ve en la película». Y es que Paul/Sven parece un joven perdido, manirroto, que acumulaba deudas mientras el dinero se le iba por la nariz, pero también un tipo sensible, enamoradizo y con mala suerte con las relaciones sentimentales. «La vida es muy sutil, llena de matices, y en las películas tendemos a simplificar las cosas para hacer las más accesibles. Otros prefieren contar esas historias a través de arquetipos. Pero yo en mi primera película he preferido contarlas a través de esos matices».

Como es lógico, el filme despliega una colección de temas para no parar: desde Masters at Work a Liquid, de Frankie Knuckles a Daft Punk. «La música es el corazón, el tema central de la película. Cuando buscábamos financiación decíamos que era la estrella del filme», cuenta su realizadora. «En el tratamiento del sonido, hemos intentado en todo momento que pudiésemos oír la música como sonaba en los clubes. Un sonido no demasiado puro, pero tampoco muy realista, porque debía ser accesible: a la vez palpable, vivo, concreto». Y explica la directora: «La evolución de esos temas abraza la de la película. Y de una forma relativa: el "garage"no evolucionó demasiado. Por eso pasó de moda y luego vuelve de forma cíclica. Los artistas queremos que haya un cambio.Y eso lo vemos con los Daft Punk, que sí que han cambiado». Hansen-Love, que nació en 1991, tenía unos diez años cuando su hermano empezó a asistir a «raves» casi clandestinas, unos catorce cuando pinchaba en discotecas. Los actores de su película, ni eso: «Sven, mi hermano, se tomó el tiempo para enseñar a los actores a conocer esas canciones, a mezclarlas en la mesa... Entonces fui consciente de hasta qué punto las cosas han cambiado. Los DJs de ahora ya no hacen mezclas con vinilos. Utilizan ordenadores y además ganan más dinero que los de antes».