J. J. Abrams: «La presión no me paralizó»

Aunque dijo «no» al principio a la oferta de Disney, este neoyorquino de 49 años se muestra satisfecho de un filme que «empieza de cero» la saga creada por George Lucas.

El viaje está a punto de terminar, o al menos, de llegar a un punto de inflexión determinante tras muchos meses de especulaciones y esperanzas desde que se anunciara el regreso a la gran pantalla de la mítica saga de la mano de J.J. Abrams. Hoy mismo, con la primera respuesta de los fans en redes sociales, seguramente llegará la hora de las primeras reflexiones, de tomarse una copa o de echarse con virulencia sobre un sofá, con la satisfacción del trabajo bien hecho.

No hay duda de que esto ha sido mucho más que una película, un capítulo fundamental para entender su vida en el cine. Antes J.J. Abrams era un director considerado en la industria y fuera de ella (ahí están «Misión: imposible», «Star Trek», «Super 8»), pero no un fenómeno de masas. Sin embargo, hoy en día no hay nadie en Hollywood que no sepa quién es este neoyorquino de 49 años, aunque sólo sea por la cantidad de entrevistas que ha concedido en los últimos días promocionando la película del año, el regreso de «La guerra de las galaxias» tras la compra de Disney en 2012 de los derechos de la popular (y millonaria) saga creada por George Lucas, la que le ha convertido en un hombre con número propio (94) en la lista Forbes.

En la actitud de Abrams no se detecta cansancio alguno. Le puede más el entusiamo por haber hecho realidad un sueño, confirmando además que, a tenor de lo que han dicho los primeros críticos en Estados Unidos y Europa, no ha metido la pata. «En realidad sólo estoy agradecido por la experiencia», dice convencido, pese a la presión inmensa que ha tenido que aguantar y de la que habló el propio Steven Spielberg el domingo pasado en el programa «60 minutes» de CBS: «J. J. está aterrado», señaló el Rey Midas de Hollywood. Admite el director de la nueva entrega de «Star Wars» que ha sido duro, «pero cada vez que me siento paralizado por el ruido o la anticipación, miro al trabajo que he hecho y doy gracias». Es un redondo colofón para un hombre que quedó marcado por la saga con tan solo 11 años, pero que tuvo muchas dudas antes de decir que sí a dirigir «Star Wars VII: El despertar de la fuerza».

Volver a la infancia

«Once años fue una gran edad para vivir semejante experiencia mental», dice el realizador recordando el momento en que tuvo acceso a «La guerra de las galaxias» en 1977. «Me hizo reír y creer en otro mundo. La brillantez de George Lucas, su capacidad de generar esperanza, es algo muy poderoso», rememora. También recuerda el encuentro en Nueva York con Kathleen Kennedy, la actual presidenta de Lucasfilm tras su adquisición por parte de Disney, y con el propio Lucas tratando de definir la dirección que debía tomar la nueva trilogía. «En un principio dije que no porque tenía otros planes. También indiqué que me preocupaba el exceso de secuelas y quería alejarme de eso». Al final, sin embargo, se dejó seducir por Lucas y la experiencia impagable de poder continuar la saga original que tanto admiraba, la que realmente le hizo enamorarse del universo galáctico: «Cuando ví la primera película me pareció extremadamente real y, de alguna forma, marcó la pauta para escribir el guión. Quería ser fiel al concepto original».

Dicen los críticos que lo ha conseguido, haciendo olvidar la inferior calidad de la segunda trilogía y regresando al origen de la saga, considerada la de mayor calidad fílmica. Para eso lo trajo Disney, «para empezar de cero», distanciándose incluso de los tratamientos que ya tenía escritos Lucas antes de que contrataran al director neoyorquino.

«Cuando me incorporé al equipo, Disney ya había decidido ir en esa dirección, así que el mandato era contar una historia que fuera una continuación», es decir, regresar al punto en que el imperio de Darth Vader hubiera mordido el polvo tras el ataque rebelde dirigido por Luke Skywalker, Han Solo y su princesa Leia y ofrecer nuevas dosis de entretenimiento y aventura galáctica, cuidando guión, ritmo y efectos. «Por eso Kathleen Kennedy trajo a Lawrence Kasdan –responsable del guión de «El imperio contraataca» (1980) y de «El retorno del Jedi» (1983)– y a Michael Arndt, y fueron ellos con los que comencé a trabajar».

Morder el polvo

Abrams, que ya brilló devolviéndole el esplendor a otra saga anquilosada en el tiempo como «Star Trek», explica que ésa era la idea, responder preguntas que muchos fanáticos del tema –incluyéndole a él– hubieran querido responder. «¿Qué queremos sentir? ¿Por qué estamos contando esta historia?», afirma, algo que le ayudó a resolver Kasdan de manera majestuosa. «El hecho de que Larry hubiera creado algunas de las mejores frases de Star Wars, con Yoda y algunas de las grandes escenas de la saga, lo convirtió en un colaborador de ensueño para determinar dónde estaríamos ahora».

Y ese precisamente ha sido el gancho, el atender todas esas necesidades, como el descubrir el destino de los personajes que aprendimos a querer. Por suerte, Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher dijeron que sí a una nueva aventura, convencidos por el guión y las ganas de rememorar tiempos pasados.

A simple vista, parece que se han hecho las cosas bien, por lo que nada debería impedir que se batan todos los récords de taquilla. El jueves comenzará a sonar la caja en pos de los más de 2.700 millones de dólares que hacen falta para superar a «Avatar», la cinta más taquillera de la historia del cine. No es que Disney se haya fijado esa meta de manera oficial, pero no estaría mal alcanzarla y, de forma oficiosa, los dos millones de dólares son un buen horizonte para la empresa. Si se alcanzan esos objetivos, buena parte de la culpa la tendrá Abrams, un genio humilde que ha logrado volver a ilusionar a millones de espectadores con una continuación que, aun antes de encender las pantallas, ha saturado la preventa en internet y ha disparado las expectativas.