«La memoria del agua»: Elena Anaya, el dolor de una madre

El chileno Matías Bize es de esas personas a las que les gusta hablar con conocimiento de causa. Por eso, dice, su cine está volcado en las relaciones de pareja, algo en lo que, por lo demás, todos podemos aportar una visión personal. En «La memoria del agua», esa pareja (Elena Anaya y Benjamín Vicuña en la interpretación) se ve sometida a una prueba más que ardua: la muerte de un hijo. «Está invisible durante la película, fuera de ella. Queríamos llegar a algo más profundo, doloroso, pero también luminoso. Contar la historia de esta pareja a la que le cayó una bomba atómica. Y el desafío era hacerlo de manera sutil, elegante y que al mismo tiempo conmueva sin dar golpes bajos ni buscar la escena fácil».

Así, desentrañamos la historia de Amanda y Javier, cuya relación se va a pique por el exceso de recuerdos asociados a aquel niño perdido. «En la cinta hay dos visiones sobre cómo afrontar este problema: el de ella, que va hacia la oscuridad y la sombra, y el de Javier, que intenta ir hacia la luz». Mientras Amanda corta por lo sano con un pasado que se antoja insufrible tras la pérdida del pequeño, su marido (un arquitecto que construye casas para parejas tan felices como fue la suya) trata de salvar al menos la relación que los unía.

Nada distrae a Bize del empeño de retratar fielmente el duelo (amoroso y materno-filial) que padecen sus personajes. «He querido dejar fuera todo lo accesorio. Por eso la cámara se mantiene cerca, con primeros planos, con el entorno desenfocado». Y en ese trabajo ha necesitado indudablemente de la complicidad de ambos actores. «Elena y Benjamín se echan la película al hombro. No sólo está su aporte en los diálogos, sino también en los silencios y las miradas». Sin Anaya, concretamente, nunca se hubiera imaginado a Amanda y, al final, la española decidió participar incluso en la producción.