Nostalgia y modernidad, la cartelera se tiñe de blanco y negro

Da un toque de elegancia, un sello de autor, una mirada nostálgica y, además, es más barato. Después de «Nebraska» de Alexander Payne, títulos como «Oh Boy», «Frances Ha» e «Ida» teñirán las próximas semanas la cartelera de blanco y negro.

Da un toque de elegancia, un sello de autor, una mirada nostálgica y, además, es más barato. Después de "Nebraska"de Alexander Payne, títulos como "Oh Boy", "Frances Ha"e "Ida"teñirán las próximas semanas la cartelera de blanco y negro.

Recientes son también "Blancanieves"de Pablo Berger o "The Artist"de Michel Hazanavicius, pero filmar sin color es sinónimo de modernidad desde los tiempos de la "nouvelle vague". Woody Allen, Jim Jarmush o Steven Spielberg son algunos directores que no se han resistido a su poder sugerente. Estos son diez ejemplos.

1.- MANHATTAN (1979), Woody Allen.- Una voz en "off"lo dice al principio de la película: para su protagonista, el mismo Allen, Nueva York seguía siendo una ciudad en blanco y negro que vibraba al ritmo de los acordes de Gershwin. Fue su primera película en grises, a la que se sumarían "Celebrity"o "Broadway Danny Rose".

2.- COFFEE AND CIGARETTES (2003), Jim Jarmusch.- El "indie"Jarmusch es otro asiduo al no color y lo explica como una elección intuitiva. Esta película, una colección de piezas cortas con el café y los cigarrillos como elementos comunes, cuenta con el aliciente de ver a Tom Waits e Iggy Pop sentados y discutiendo en una misma mesa.

3.- CLERKS (1994), Kevin Smtih.- Para poder rodar su primera película, en la que cuenta un día en la vida de dos dependientes en un centro comercial, Smith tuvo que vender su colección de cómics y pedir prestado a familiares y amigos. En este caso, el blanco y negro fue, sobre todo, por motivos de presupuesto.

4.- LA CINTA BLANCA (2009), Michael Haneke.- El dinero no era un problema para Michael Haneke que, de hecho, rodó en color y después lo pasó a blanco y negro en posproducción. En este terrible drama prebélico, el austríaco quiso buscar un tono cercano a las fotografías de la época, justo antes de la Primera Guerra Mundial, y también crear cierta distancia con el espectador.

5.- LA LISTA DE SCHINDLER (1993), Steven Spielberg.- Si para Haneke no era una cuestión de dinero, mucho menos para Spielberg, que con su visión del Holocausto marcó el récord de la película más cara jamás rodada en blanco y negro. El director sólo metió un tono rojo en el abrigo de una niña en el momento en que su personaje toma conciencia de lo que está ocurriendo a su alrededor.

6.- TORO SALVAJE (1980), Martin Scorsese.- Scorsese buscaba sobriedad y un estilo documental para rodar unos combates de boxeo que, de otro modo, habrían resultado muy duros. El Jack Lamotta de Robert de Niro, un perdedor, se coloca en las antípodas del Rocky de Stallone.

7.- NEBRASKA (2013), Alexander Payne.- A Payne también se lo pedía la historia, sobre un hijo que trata de dignificar a su padre (Bruce Dern), y además hacía tiempo que tenía ganas de probar ese formato. "En las mejores fotos siempre se usa el blanco y negro, y esta historia se prestaba al blanco y negro, un estilo visual tan austero como lo es la vida de los personajes", precisó el realizador durante su presentación en Cannes.

8.- FRANCES HA (2013), Noah Baumbach.- Este retrato generacional sobre el difícil salto a la treintena protagonizado por Greta Gerwig aún no ha llegado a España -su estreno está previsto el 4 de abril-, pero ya ha cautivado a público y crítica en EE.UU.

9.- OH BOY (2012), Jan Ole Gerster.- El Niko Fisher de Ole Gerster, que se estrena este fin de semana, es la cara masculina de la misma historia de "Frances Ha", con Berlín como trasfondo en lugar de Nueva York, pero similares angustias existenciales. Su autor, la revelación alemana del año, buscaba "quitar naturalismo"y lograr "una constelación universal".

10.- IDA (2013), Pawel Pawlikowski.- El director polaco se rinde a la nostalgia para contar la historia de una novicia que, en la Polonia de los 60, descubre un oscuro secreto familiar. Triunfó en el Festival de Cine de Gijón, con cinco premios, incluidos mejor película, guión y actriz, y en Toronto obtuvo el Premio Fipresci de la crítica. El 28 de marzo llega a las salas comerciales.