Cuando Lego se hizo arte

Los ladrillos de juguete son los protagonistas de una exposición en la que, a partir de ellos, Nathan Sawaya genera obras como el «David» de Miguel Ángel o «El grito» de Munch.

«El pensador», de Rodin, y, al fondo, «La joven de la perla», de Vermeer
«El pensador», de Rodin, y, al fondo, «La joven de la perla», de Vermeer

Los ladrillos de juguete son los protagonistas de una exposición en la que, a partir de ellos, Nathan Sawaya genera obras como el «David» de Miguel Ángel o «El grito» de Munch.

¡Mira, papá! ¡Ven aquí, papá! ¡Tiene 9.800 piezas! ¡Papá! ¡Papá! Bueno, yo sigo adelante, ¿vale?... ¡Papá! Que yo sigo, ¿vale?», dice un niño correteando. Su padre, no es que esté desatendiendo su hijo, sino que de golpe él también ha regresado a la infancia. Así pues, con admiración, susurra para sí mismo: «21.682 piezas...». Roma acoge hasta el próximo febrero «The Art Of The Brick», una exposición con esculturas y mosaicos elaborados por el artista Nathan Sawaya con los célebres ladrillos de la marca danesa Lego. Un millón de piezas colocadas en más de 80 obras expuestas a lo largo de 1.200 metros cuadrados. Tras pasar por Taipei, Hong Kong, Melbourne, Londres, Ciudad del Cabo...; esta exposición pronto podría estar también en España. Para la cadena CNN, se trata de «una de las diez exposiciones más bonitas del mundo».

Nathan Sawaya (Colville, Estados Unidos, 1973), tuvo su primera caja de LEGO con cinco años. Desde entonces, su pasión nunca se esfumó, al contrario. Con el tiempo, empezó a notar que tenía un don muy especial. Una vez aprobada la carrera de Derecho en la Universidad de Nueva York, comenzó a trabajar como abogado. Pero él nunca dejaría sus legos, es más, cada vez que volvía a casa tenía la necesidad de seguir creando con ellos: «Prefería el suelo lleno de legos que mi sillón frente a un escritorio lleno de papeles». Poco a poco fue dándose cuenta de que lo que realmente quería era convertirse en un artista: «Me gusta lo que siento cuando creo, es como si tuviera el mundo en mis manos».

Hoy, décadas más tarde, con un estudio en Nueva York y otro en Los Ángeles con cuatro millones de piezas en total ha cumplido su sueño: ser de los primeros en equiparar el inocente lego al majestuoso mármol, elevándolo a la escultura contemporánea. «¿Por qué hacer todo esto concretamente con legos? Porque me divierte muchísimo, ¡y porque nadie lo había hecho antes!», dijo una vez el artista.

Gianluca le ha dado una sorpresa a su hija Greta llevándola a la exposición para que disfrute y se divierta en un mundo de ladrillos de colores. Pero admite que él, que jugó con los legos cuando era un niño, tenía las mismas ganas –o más– que ella: «Me parece sencillamente extraordinario cómo, de un juego se puede crear una obra de arte». Sara, estudiante de 25 años, también jugó en la infancia con ellos: «Lo más sorprendente es cómo consigue reinterpretar pinturas famosísimas aportándole una tridimensionalidad inimaginable». Y no le falta razón.

Parece increíble pensar que sea posible poder darle tanta vida a una pintura tan internacionalmente conocida, añadiendo una dimensión. Con unos simples ladrillos. El arte, por fortuna, no tiene reglas.

El don de Nathan Sawaya no tiene límites: un mapa de Italia en relieve, un esqueleto de dinosaurio largo seis metros, la «Gioconda» de Leonardo, el Partenón de Atenas, los conocidos dedos de «La creación de Adán» de la Capilla Sixtina y el «David» de Miguel Ángel, el «Discóbolo», «El grito» de Munch, la «Venus de Milo», el «Augusto» de Prima Porta, «El pensador» de Rodin, «La joven de da perla» de Vermeer y decenas de obras originales del propio Sawaya.

Arte contemporáneo

Fabio Di Gioia es el responsable de la exposición con sede en Roma. Ante la pregunta de si, efectivamente, se puede considerar el don de Sawaya como arte contemporáneo, afirma: «Por supuesto, estamos hablando de escultura contemporánea basada en el arte pop y, a veces, con toques de surrealismo», explica el experto. Y en lo que se refiere a lo pop, esto puede llevarse incluso a un ámbito más amplio, así pues, popular. En palabras del propio Sawaya: «¡Todos tenemos ladrillos Lego en casa!».

Fabio explica que «hay esculturas que divierten a los niños. Pero otras, para los adultos, son una auténtica reflexión acerca de la condición humana. Y Sawaya lo hace con tal fuerza que su obra se convierte en algo extraordinariamente potente». En cualquier caso el estadounidense, implícitamente, lanza un desafío: «Si hemos sabido contar gracias a Barrio Sésamo, ¿por qué no aprender Historia del Arte con los legos?».

Al final del itinerario, hay una zona de recreo con mesas llenas de legos. Los niños, junto a sus padres, están construyendo casas y torres multicolores. Sentado igual que ellos, tomo un lego 4x2 de color rojo, como en épocas más cándidas. En gestos como ése, nos damos cuenta de algo grandioso. Y es que todo, por inalcanzable que parezca, empieza por un primer y mágico ladrillo.