Jazzaldia, jazz para el pueblo

El festival celebra su 54ª edición con una jornada de récord, éxito de público en los conciertos de pago y la lluvia desluciendo algunos platos fuertes

Miguel Martín, director del festival Jazzaldia
Miguel Martín, director del festival Jazzaldia

El festival celebra su 54ª edición con una jornada de récord, éxito de público en los conciertos de pago y la lluvia desluciendo algunos platos fuertes

Todos los festivales de España han vivido un año de turbulencias o bajas presiones. Las cifras de asistencia se han resentido, porque las giras mundiales escaseaban y todos han registrado una asistencia media menor de la que sus historias dictaban. Ninguno se ha librado, aunque capear el temporal ya es bastante buena noticia. En el Heineken Jazzaldia saben bien lo que es la presión atmosférica. El primer evento de jazz de la historia de España celebra su 54ª edición mirando al cielo que ha deslucido en parte el evento, pero a través de las densas nubes de la bahía donostiarra ha salido el sol también. La primera jornada de esta edición, protagonizada por los espectaculares conciertos de Joan Baez y Jaimie Cullum batió los records de asistencia del evento con 106.000 personas entre conciertos de pago y gratuitos. Después de una tarde brillante con Joe Jackson y una noche algo más fría en el escenario verde de Heineken con Zahara y Dorian y la pasada por agua de Neneh Cherry, el festival se preparaba para el gran final con las presencia de Diana Krall y los locales Belako entre un inabarcable programa. Por cierto, que Woody Allen, que graba película en la capital guipuzcoana y es músico de jazz, había pedido entradas para ver a Diana Krall. Muchos le buscaban debajo de los chubasqueros.

“La climatología tiene influencia en todos los festivales, eso es evidente, pero son muchos años de experiencia. Los conciertos siguen adelante, hemos anulado solo tres del más del centenar programados”, explica Miguel Martín, director de Jazzaldia, que recordaba la historia de un evento pionero. El Festival nació en la Plaza de la Trinidad como algo pequeño y se ha convertido en el único que ha tenido una gestión constante hasta hoy. En los 70 y 80, creció hasta llegar a las 15.000 personas y en 1988 se replanteó el modelo: se empezó a celebrar en el velódromo de San Sebastián con un sonido bastante deficiente. En el 92, con el ascenso a la alcaldía de Odón Elorza, se decide que hay que volver al origen: a la Plaza de la Trinidad, pero expandiéndose más allá, por todas las calles de San Sebastián. Y así hasta llegar a la edición de 2019 con 112 conciertos, 17 escenarios, y una distribución por el centro de la ciudad que garantiza música desde las 11:30 a la 1:30 de la mañana.

Además, Jazzaldia tiene un concepto diferente, la gratuidad de los artistas principales del evento en tiempos en los que estos certámenes son industria, beneficio, competición. “Eso tiene que ver con una decisión de acercar el festival al público, de llevar la música jazz al ciudadano y tratar de dar verosimilitud a un festival que busca estar cerca del público. No te creas que no me cuesta decidir que Jaimie Cullum o Jon Baez, que tienen un caché alto, van a un entorno en el que el único retorno va a ser la venta de bares. Teniendo en cuenta, además, que no es un festival cerrado, que no hay una valla alrededor porque la playa, por ley, no la podemos acotar”, explica Martín una cuestión de principios. “De alguna manera no tendríamos la credibilidad ante el público si pusiésemos las actuaciones de gran impacto de pago. Tiene que haber nombres conocidos para todas las generaciones. Por eso, hemos traído figuras que jazzísticamente quizá no tienen justificación, como B.B. King, Patti Smith o Ray Davies, que son intergeneracionales. Es una cuestión de música popular”, remata.

En todo caso, pese a que los grandes nombres puedan resultar más llamativos, Martín aclara que “si quitas los conciertos que no son jazz, sigues tienendo 90 actuaciones. Lo que pasa que a veces Joan Baez o Neneh Cherry se comen los carteles, pero en números no son tan importantes”. Existe otro factor. Conseguir la playa ha costado mucho porque en esta ciudad hay que entender la idiosincrasia. Las playas no son para hacer el tonto. “Aquí se va a las playas con una toalla, un bronceador y en búsqueda de tranquilidad absoluta, no se entienden las acciones comerciales, y en San Sebastián casi miramos por encima del hombro a la familia de las tarteras y de la acampada para pasar el día. Nosotros vamos de forma señorial, con lo que nos cabe en el bolsillo. Yo no simpatizo con alguien que se pone a hablar por el móvil”, bromea el director de Jazzaldia.

En 1999 conquistaron la playa de la Zurriola, junto al recién inaugurado Kursaal. “Pusimos actuaciones muy jazzísticas y nos dimos cuenta de que había que abrir la mano. Y lo hicimos por medio de una persona de Heineken que trabajaba en estrecha colaboración con nosotros”. Es decir, que el patrocinador, en cierta medida, moldeó el festival. “Heineken nos ayudó en muchas cosas, pero su apuesta fue decisiva porque permitió una inversión fuerte. Y lo hicimos”, señala. Sin embargo, la asistencia a los conciertos de pago esd mayoritariamente de fuera de la ciudad. Hasta un 60 por ciento de los tickets los compran visitantes. La proporción es a la inversa en el caso de los eventos gratuitos, así que hay cierto equilibrio.

Y es que la fama de Jazzaldia está justificada por su tradición. Por sus tablas han pasado desde James Brown (“fue la experiencia más intensa y difícil de creer porque llegó con un séquito digno de una película de blacksploitation”), Miles Davies, en tres ocasiones y Keith Jarret en cuatro. “A Van Morrison le encantaba el hotel Maria Cristina, pero luego decidió que le encantaba más el dinero -cosa bien conocida- y triplicó su caché y nunca más ha vuelto a venir, pero ha estado seis veces”.