Elio, muerte de la alta costura

Con él se va para siempre una manera de vivir la moda, tan elegante como decadente

El diseñador, en un desfile de la Fashion Week de Madrid
El diseñador, en un desfile de la Fashion Week de Madrid

Elio Berhanyer vivió entre dos mundos antagónicos a veces. Si tuviera que explicárselo a un millenial la alta costura era analógica y el “prēt porter”, digital.

Elio Berhanyer vivió entre dos mundos antagónicos a veces. Si tuviera que explicárselo a un millenial la alta costura era analógica y el “prēt à porter”, digital. Con él muere para siempre una manera de vivir la moda, tan elegante como decadente, que hoy resultaría molón en un libro de Proust si hubiera alguna manera de resucitarle. Han visto sus diseños miles de veces aunque a lo mejor no sabían que eran suyos. Los uniformes de las azafatas de Iberia de los primeros setenta por ejemplo. La burguesía madrileña de los sesenta y los setenta pasaba por su taller. Para los neófitos imaginen los diseños de “Arde Madrid”. El más grande de todos vivió también su travesía en el desierto, cuando se sintió apolillado en tiempos de la movida con aquella impostura de ¿estudias o trabajas ? La reinvención de sí mismo lo llevó a reivindicar la costura, el trabajo del taller (Elio era un hombre con bata blanca) y el estilo tradicional español del que se habían apropiado desde Saint Laurent a Lacroix. La condesa de Montarco fue su musa, la mujer de negro, la favorita de la corte. La musa. Su estilo era la técnica. Por eso había tanto contraste entre lo que presentaba aunque resultara pretérito y la desfachatez de los advenedizos supuestamente modernos. Aquella elegancia murió antes que él. Quedose como el sacerdote de un templo destruido. Y sin embargo, se reinventaba.