Entre gaitas, «sonrisas y lágrimas»

Mucha cordialidad entre los premiados y docenas de personas que aplaudían desde los balcones

La Razón
La RazónLa Razón

Hubo una protagonista, una niña invidente, y un protagonista, un perro guía llamado Brizzy. La primera acaparó la atención cuando se sentó al piano y convirtió el hall del Hotel Reconquista de Oviedo en un escenario improvisado donde tocó «Sonrisas y lágrimas». El segundo, un cachorro que observaba a su dueña, Cristina Lucchese, atrajo las sonrisas de los curiosos. La Organización Nacional de Ciegos Españoles (Once) daba así una nota de color a una mañana sin grandes sobresaltos. Peter Higgs deambulaba por el salón como perdido sin su bosón y sus fórmulas matemáticas; Francóis Englert se paseó con la Prensa local debajo del brazo buscando entre las letras una nueva teoría cuántica y Annie Leibovitz acaparó, ya por la tarde, los aplausos del público convirtiéndose en una especie de estrella del rock, igual que todos esos «Mick Jagger» a los que ha fotografiado en tantas ocasiones para la revista «Rolling Stone».

En las calles que rodeaban el teatro Campoamor, docenas de personas aplaudían desde los balcones. Las voces y los gritos se confundían con la música de las gaitas, los himnos, el ruido de las motos policiales y los ecos de una manifestación que, como el año pasado, reclamaba salarios más justos. Entre el público estuvieron el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, y el de Exteriores, José Manuel García-Margallo, el ex presidente del Principado de Asturias, Vicente Areces, y el ex presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. También estuvieron invitados la viuda de Sabino Fernández Campos, María Teresa Álvarez, el actor Javier Cámara, la presentadora de televisión Mariló Montero y la escritora Elvira Lindo, tan aplaudida como su marido, Antonio Muñoz Molina, quizá, lógicamente, porque iba a su lado.