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Fernando Colomo: «Durante el rodaje de “La tribu” di clases de claqué»

Protagonizada por Paco León y Carmen Machi (sí, otra vez juntos), esta nueva comedia nos muestra cómo el baile, la música y el poderío de un grupo de mujeres amansan a las fieras

  • Fernando Colomo con Paco León durante el rodaje de «La tribu»: «Él empezó de bailarín, pero había que darle caña», dice sobre el actor
    Fernando Colomo con Paco León durante el rodaje de «La tribu»: «Él empezó de bailarín, pero había que darle caña», dice sobre el actor

Tiempo de lectura 8 min.

14 de marzo de 2018. 01:23h

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14/3/2018

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Por él no pasa el tiempo, literal, palabra de honor. Salvo que el pelo se le volvió ya cano, Fernando Colomo mantiene el mismo físico menudo, delgado y despierto, la sonrisa medio tímida e inteligente y cierto aire de prudente cachondeo cuando toca, que alguna vez toca. Ahora estrena nuevo trabajo, «La tribu», donde una enérgica limpiadora de hotel y «streetdancer» vocacional que baila en el grupo femenino de barrio Las Mamis se topa de pronto con el hijo que dio en adopción, un ejecutivo treintañero bastante indecente y podrido que de pronto lo pierde todo, incluida la memoria. Juntos intentan recordar quiénes fueron y por qué decidieron tomar ciertas decisiones para bien o para mal.

Le comento al director que si le importa comenzar la entrevista apelando un poco a la nostalgia, largarnos hasta muy principios de los años 80, cuando íbamos a ver la última de Colomo, o de Almodóvar, y luego al recién nacido y escandaloso ARCO aunque nunca pasaba nada porque ninguno era todavía tan listo como un Sierra, por ejemplo, y la cosa solo iba de arte, o al teatro para asomarnos a la terrible vida de «Las criadas», que escribió Jean Genet. Con aquella sensación encima de curiosidad, como de recién despertados, de hambre voraz. Más de tres décadas después, aquí hemos amanecido, envueltos en una corrección política que comienza a ser peligrosa, chocando contra las censuras, porque no hay solo una, en serio, contra el nuevo puritanismo que, dicen, están imponiendo las feministas extremas. Me pregunto, le pregunto, qué nos ha pasado.

–Yo recuerdo bien esos momentos que comentas, verdaderamente, qué tiempos aquellos... Parecía el principio y fue el fin... Acababa de morir Franco, y vivimos una explosión, una libertad tan grande... Todo se podía decir. Si hoy se hicieran esas canciones, películas, si se pintasen cuadros como los de entonces, muy probablemente se produciría un escándalo.

–Hubo una época en que la cultura, de muy distinto signo, la del momento, la anterior y la por venir, sobre todo entre los jóvenes, se consumía a toneladas.

–Claramente, en ese sentido hemos vuelto para atrás, España parecía entonces un país que iba hacia arriba, se nos abría cualquier puerta. Teníamos interés por todo lo nuevo, y, es verdad, también por lo antiguo. Nos encontrábamos, no sé, a nivel de Francia.

–Venían desde fuera para ver qué se cocía en Madrid, por qué bullía de esa manera.

–Nos visitaban de fuera los más modernos para entrevistar a los nuestros. Y, de pronto, llegamos a esto, a la memoria de pez... Porque, hoy, si algo no sale en las redes sociales no existe, lamentablemente. La cultura con mayúsculas casi ni se plantea; y, sin embargo, entonces la estabas viviendo casi metido en ella. Y veíamos más cine, y leíamos más... Se trata de algo preocupante. Si incluso me ha sucedido algo así mientras hablaba con alguien de la prensa al mencionar a Truffaut y Godard, por ejemplo...

–Hablaba de internet, que probablemente nos haya convertido en seres mucho más solitarios o raros, distintos. Precisamente, en «La tribu» usted insiste en la fuerza del grupo frente a esta incomunicación.

–En efecto. En la sociedad de hoy ha adquirido tanta importancia... Parece que la gente se relaciona menos. Esta tribu refleja la necesidad que todos tenemos de encontrar nuestro lugar en el mundo, un mundo que puede parecer cada vez más individualista, pero creo que estamos evolucionando hacia un concepto más moderno de tribu que puede ser en mayor o menor medida grande pero que es lo que necesitamos y lo que en el fondo todos buscamos.

–Los personajes de la película se besan y abrazan bastante, se tocan continuamente, como si lo necesitaran.

–Sí, hay mucha piel en el filme, mucha realidad, ahora todo lo escribes por whatsapp, sin nadie enfrente tuya... Y ahí radica el peligro sobre el que hablábamos de aislarnos cada vez más.

–¿Y cómo se le ocurrió llevar al cine esta comedia con tanto baile, tanta música y tanta mujer fuerte y echada para adelante?

–Nos enseñaron un vídeo donde descubrimos a Las Mamis reales, de la escuela de baile urbano de Badalona. Y vimos que ya contenía la semilla de la película. Descubrimos el entusiasmo, la fuerza, la emoción que derrochaban esas mujeres. Las de la cinta son muy parecidas a las originales; de hecho, dos intervienen en ella.

–Y, sí, la música es capaz de extraer lo mejor incluso de su protagonista masculino.

–El mensaje evidente radica ahí, en que amansa a las fieras. La danza es una especie de meditación activa y tiene un poder curativo; es una idea que está en todas las culturas y civilizaciones. Hablando con estas mujeres observamos que para ellas era un tipo de terapia y eso lo aplicamos a nuestra historia. Y, al terminar las clases, se van juntas a un bar para hablar de sus problemas, se apoyan en todo, conocen muy bien sus existencias, que no han sido nada fáciles, desde luego, actúan como un grupo de autoayuda. Se trata de unas luchadoras, y el día que tienen que bailar no se lo pierden por nada.

–¿Y a Colomo le gusta esto de mover el esqueleto, como decíamos años ha?

–Me encanta. De hecho, durante el proceso de rodaje me apunté a clases de claqué, lo que me dio energía para comprender aún mejor la historia. Fuera del set, nos iba sucediendo lo mismo que en él, porque, cuando acabábamos, también nosotros nos íbamos de cañas.

–Tiene ya en su filmografía un buen puñado de buenos títulos. ¿Ha realizado ya su filme, digamos, definitivo?

–Bueno, todavía me queda carrera por delante... (el director se ríe y mira de reojo el móvil: «Perdona, es que lo mismo me llaman», dice Colomo, que ya lleva encima varias entrevistas, por tierra, mar y aire, y las que todavía le quedan) Hay alguna por la que siento más simpatía por cuestiones personales. Podría afirmar, sí, que sientes más cariño hacia unas que por otras. Así, «La línea del cielo», ya que era una obra muy experimental, sin guión. También «Isla bonita» me parece especial; «Al sur de Granada», «Los años bárbaros»...

–Y ya que cita «Isla bonita», que también protagonizaba e incluso le valió una candidatura al Goya como mejor actor revelación, ¿lo veremos otra vez frente a la cámara?

–Bueno, lo cierto es que antes había interpretado algún papel pequeño, como en «Todo es mentira» de Fernández Armero, con Gómez Pereira («Salsa rosa»)... aunque normalmente era actor de una sola sesión, lo peor, porque cuando conoces al equipo y le pillas el punto al tema se ha terminado tu colaboración. Me lo dijo un día, con razón, Carmen Maura, «hasta que no hagas un protagonista no te sentirás actor», y así fue. Porque apareces en todo el metraje y cae sobre tus espaldas y, sin embargo, llega un momento en que te relajas aunque parezca contradictorio. En «isla bonita» mi personaje tardaba en aparecer, y yo quería rodar de seguido, cronológicamente. Es lo bueno que tiene el cine pobre, como el español... El primer día siempre resulta el peor, pero le cogí el tranquillo e, incluso, cuando no rodaba estaba mosqueado...

–¿Y si escuchase a un espectador al salir de ver la película afirmar que le ha transmitido buen rollo le pondría contento?

–La verdad es que no lo pretendo a priori, pero me gustaría. Porque creo que «La tribu» es un estallido de vitalidad, un subidón.

–Ahora llega la pregunta por narices, sobre todo a usted, un director de comedia. Aunque algunos integrantes del gremio lo han defendido, como Javier Bardem, el caso de Woody Allen parece visto para sentencia.

–Lo de Allen es difícil y ya fue juzgado hace mucho y no vieron indicios de verdad en la historia. Sin embargo, está muy bien que se conozcan los abusos en casos como el de Harvey Weinstein, se trata de algo positivo, ese sí que es un tipo infumable en todos los aspectos y con todos los seres humanos. En asuntos como el sexo y con el poder que manejaba. Digamos que jodía en el doble sentido de la palabra... Pero en otros casos hay que mirar el tema con precaución, no acusar porque sí. Además, ha sacado a la luz lo que sabíamos que sucede lamentablemente en la sociedad. Repito que el abuso de los poderosos siempre resulta deleznable. Sin embargo, puede que paralelamente exista una nueva caza de brujas. Hay un peligro real hoy que es igual al que existía en nuestra guerra civil, cuando unos y otros eran acusados de nacionales o rojos por rencillas personales, de ahí que diga que todo esto hay que tomarlo en su justa medida. Por otro lado, EE UU es un país más hipócrita por el caracter anglosajon y la educación protestante, muy diferente a otros europeos, y allí no suelen existir matices, de ahí que haya un peligro sobre cómo se extrapola todo y la respuesta de rechazo en Hollywood con las actrices francesas cuando hablaron acerca del tema sin miedo a expresarse.

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