Una taberna de sencilla cocina francesa

Le Petit Bistrot cumple las expectativas de quien busca probar auténtica gastronomía francesa a precios razonables y en un ambiente típicamente parisino

Magret pato a la naranja
Magret pato a la naranja

En pleno corazón de Madrid, a un paso de la castiza Plaza de Santa Ana, no sólo hay churros, tapas y buen jamón español. Si rebuscamos un poco podemos adentrarnos en una típica taberna parisina de manteles blancos y butacas rojas para catar la esencia de la gastronomía francesa, como en Le Petit Bistrot.

Situado en la Plaza de Matute, este pequeño local ofrece dos fórmulas en una. Al cruzar la puerta nos topamos con un «bar a vins» en el que se pueden degustar vinos naturales combinados con tapas francesas mientras que, en su parte trasera, nos espera un restaurante gastronómico al más puro estilo bistró.

Lo más recomendable es abrir boca junto a la barra del bar y, posteriormente, pasar a la sala, con capacidad para 30 personas. Aunque la separación entre las mesas es demasiado ajustada, no resulta agobiante. De hecho, poco menos se puede esperar de un acogedor bistró en el que una sutil luz principal nos invita a viajar hasta París.

Si la decoración es muy fidedigna, la carta tampoco se queda atrás. La culpa la tiene Carlos Campillo, un zaragozano que trabajó muchos años entre fogones franceses y que se ha traído a la capital lo mejor de nuestro país vecino. Buen ejemplo de ello son los caracoles a la «Bourguignonne», con mantequilla de ajo y perejil, imprescindibles para quien guste de este manjar, o la sopa de cebolla con queso rallado y costrón de pan tostado, una sencilla receta que hace de lo corriente una delicia.

Algo más sofisticado resulta el cappuchino ligero de lentejas con virutas de foie, un entrante muy recomendable, aunque para compartir lo más aconsejable es la sartén de setas con su huevo estrellado.

Entre los platos principales no debe faltar el magret de pato a la naranja en sartén, muy bien presentado y con mejor sabor, o el steak tartar de carne al cuchillo. Si prefiere sabor marino, el crujiente de merluza con foundie de puerros y salsa de azafrán, cocinado al horno durante horas, es un acierto. Para rematar, el fondant de chocolate negro y caramelo asado resulta espectacular, aunque hay opciones más ligeras, como la tabla de quesos franceses.