Héctor Manrique: «Cuando Chávez llegó al poder hizo una declaración de guerra»

Dirige «Sangre en el diván», que se estrena hoy en el Teatro Fígaro, una obra sobre el perturbado psiquiatra de Hugo Chávez y primer testigo de su delirio.

Dirige «Sangre en el diván», que se estrena hoy en el Teatro Fígaro, una obra sobre el perturbado psiquiatra de Hugo Chávez y primer testigo de su delirio.

La última vez que Héctor Manrique viajó de Venezuela a España, unos días antes de esta entrevista, lo hizo en un vuelo repleto. Unas treinta personas le reconocieron y se dirigieron a él. Hablaron de la situación de su país y de los motivos del traslado (muchos sin vuelta prevista). Todos conocemos las causas, los venezolanos las viven, pero también podemos conocer a los personajes involucrados más allá de los protagonistas que ponen cara al conflicto. Uno de esos hombres poderosos que estaba en segundo plano mientras Chávez encaminaba a la nación al abismo era Edmundo Chirinos. Fue rector de la universidad más importante del país (la Central), candidato a la presidencia por el partido comunista, diputado en la Asamblea Nacional que convocó Chávez para reformar la Constitución en 1999 pero, por encima de todo, fue el psiquiatra del polémico ex presidente. Manrique intenta comprender la relevancia de su figura y cómo deliró poco a poco en el monólogo «Sangre en el diván», que se podrá ver en el Teatro Fígaro hoy y mañana, y el 3 y 4 de diciembre.

–¿Estaba perturbado Edmundo Chirinos?

–Cuando ves cómo acabó y la entrevista que le hizo Ibéyise Pacheco –que yo tomo como base para crear esta obra–, inevitablemente piensas: «Esta persona está perturbada», por decir algo amable. Curiosamente, siendo un psiquiatra tan reputado, nunca se dio cuenta de lo que a él le pasaba. Yo le conocí porque fue el padrino de mi hermano y era un espectador habitual de mis espectáculos. Fue amigo de mi padre desde la infancia, e incluso hay cosas que en su delirio él dice que hizo, aunque en realidad fueron obra de mi padre.

–En la clase política solemos encontrar gente con actitudes un poco delirantes.

–Sí. Es la egolatría, el poder y la ambición, que confunden a las personas, pierden la conciencia de sí mismos. Y es un problema que algunas decisiones que toman sean así. Pero para ello está la cultura, para avisar de este tipo de cosas. En el caso de Chirinos, todo el mundo sabía que era un mentiroso, que quizá abusaba de sus pacientes, pero solo se dijo en voz baja.

–¿Y en ese delirio los propios políticos terminan confundiendo las ideologías?

–Fíjate que Chávez, cuando entró en escena, decía que lo que más odiaba era el comunismo. Pero cuando se dio cuenta de cómo podía aprovechar una relación con Fidel Castro, cambió de opinión. Son etiquetas que nos han separado. Y han servido como espacio de manipulación.

–¿Cómo era la cabeza de Chávez?

–En la entrevista que le realizó Pacheco, él habla de Chávez como paciente, lo cual nunca debería hacer un buen psiquiatra. En ese momento, Chávez seguía vivo, y lo califica de manipulador, pero también comenta que es un hombre con una capacidad de trabajo gigante. Además, dice: «Chávez miente, pero miente con amor». Chirinos era muy inteligente, y lo que quería decir era que Venezuela es una sociedad deficitaria afectivamente y solo nos fijamos en que nos están queriendo, no en que nos mienten.

–¿Seguirá esa psique de Chávez instaurada en Venezuela?

–Si hay algo que debemos entender es que vamos a tener que convivir con el chavismo durante muchísimos años. No sé hasta cuándo, pero creo que lo más importante es comprender que es así. Porque la fractura de la sociedad venezolana viene justo de eso, la creó Chávez, que conocía el poder de la palabra, y cuando llegó al gobierno dijo: «O estás conmigo o contra mí». Es una declaración de guerra. Y fíjate las consecuencias, lo que vivimos tiene todos los síntomas de un conflicto bélico, el hambre, la escasez, las persecuciones, la violencia, las migraciones...

–¿Qué le habría sacado a Chávez de la cabeza si hubiese sido su psiquiatra?

–Según el propio Chirinos, no soportaba a nadie inteligente a su lado. Tomando esas palabras sobre su enorme ego, habría intentado llevarle los pies a la tierra para que, como líder, hubiera comprendido los verdaderos problemas de la gente.

–Una pena que le tocó un psiquiatra como Chirinos.

–Ojo, también era un hombre encantador, increíblemente seductor. Él mismo declaró que las mujeres le duraban entre 24 horas y un mes. Y cada vez que le veía en un espectáculo, iba siempre con una distinta. En los corrillos se comentaba que había estado con miles, y yo en mi trabajo como actor también he intentado comprender ese atractivo que tenía a pesar de no ser una persona agraciada físicamente.

–Y fue acusado de asesinar a una joven.

–Eso fue solo la punta del iceberg, luego encontraron fotos de mujeres desnudas y de las que él abusó. Lo triste es que la sociedad de psiquiatría nunca lo ha condenado, y en la Universidad Central sigue estando su fotografía.