Julia Navarro revive el sueño de sueño de Alejandría

La escritora publica «Tú no matarás», una historia de exilios y venganzas de un grupo de amigos que se refugian en el Egipto cosmpolita para huir de la posguerra española y de los secretos que los persiguen.

La escritora publica «Tú no matarás», una historia de exilios y venganzas de un grupo de amigos que se refugian en el Egipto cosmpolita para huir de la posguerra española y de los secretos que los persiguen.

Julia Navarro ha recuperado la Alejandría multicultural de los años cuarenta –aquella ciudad cruce de caminos y credos diversos que hospedó a viajeros, aventureros y poetas sin reparar jamás en cuál era su lengua, confesión o procedencia– con una historia de exilios interiores y exteriores: «Tú no matarás» (Plaza & Janés). Una narración que arranca en la posguerra española, en los peores años de la represión. Una violación y la revancha de un hijo, que desobedecerá el mandamiento de su padre, conducirá a unos amigos a refugiarse en Egipto justo cuando la epidemia del nazismo se extiende por el mundo. «Quería reflexionar sobre la huida que emprenden los seres humanos. Mis personajes no escapan solo de Franco, sino de ellos mismos», explica la autora, que ha presentado su nuevo libro en la urbe fundada por Alejandro Magno, entre el bullicio de las calles, la llamada de las mezquitas, la cornisa que asoma al Mediterráneo y las ruinas que ha dejado la Historia. «Este es un viaje sin fin. Es la búsqueda de la Ítaca de Cavafis, que no encontró Ítaca y murió en Alejandría añorando algo que no encontró». Pero este relato es algo más: «La venganza es uno de los motores de la historia. Y aquí es tan importante como el peso de la conciencia, que es una compañera de viaje implacable. La venganza es uno de los motores del ser humano. Hay muchos sucesos históricos que son fruto de ella. Las cosas habrían sido de una manera distinta si no se hubiera puesto en marcha la venganza».

Cultura y guerra

Julia Navarro comenzó a construir su historia en el barrio de su infancia en Madrid, «a partir de la memoria y los relatos que escuchaba» en su domicilio y que le ayudaron a visualizar determinados personajes. Pero sobre esa trama humana, protagonizada por Fernando, un joven editor represaliado, Marvin, el amigo americano que ha combatido en la Guerra Civil, Catalina y Eulogio, que guarda un secreto inconfesable, esta obra es un canto a los libros y la cultura. «Un homenaje a la lectura y la escritura, a los que inventan historias y a los que la leen. España tiene una historia trágica, porque la cultura se va al exilio. Se queda desarbolada en la Guerra Civil, porque lo mejor que teníamos muere o se va. Es una pérdida que el país no puede recuperar. España quedó devastado no solo desde el punto de vista democrático, sino también desde el campo intelectual y la inteligencia. Y las personas que se quedaron vivieron en pésimas condiciones». La escritora asume también otra insoslayable y triste realidad: «Me gustaría pensar que con la literatura podemos ser mejores y aprender las lecciones del pasado y reflexionar sobre el presente, pero la literatura no ha podido evitar ninguna guerra o tragedia. Nos puede ayudar a salvarnos individualmente más que de forma colectiva. El hombre siempre comete los mismos errores en nombre de los ideales». La novelista, que ha tejido una historia que llega hasta la Transición, describe la situación de las mujeres durante el franquismo, cuando se les cerró «el camino que se les había abierto con la II República» y se las relegó al hogar: «Se les negó que pudieran tener una sola idea propia. Ser una madre soltera suponía un estigma para ti y toda tu familia. Te enterrabas en vida. No tenías presente ni futuro. La solución de esa época era abortar, y las mujeres se jugaban la vida en esos sitios clandestinos, o entregar tu hijo en adopción. Catalina, por eso, intenta salvarse».

Julia Navarro, que parte de la Alejandría de Lawrence Durrell y Cavafis, de los escritores que evocaron los misterios y la atmósfera de una ciudad cosmopolita, recuerda, sin embargo, que «están cambiando los paradigmas de nuestras sociedades. Esta sociedad política en que teníamos claras las respuestas a los problemas a través de la democracia se cuestionan hoy por los populismos y movimientos xenófobos. Deberíamos tomar a estas corrientes en serio. No podemos dejar que avancen porque a lo mejor, cuando queramos detenerlas, es demasiado tarde». La escritora subraya que lo primero que suprimen las dictaduras «es el pensamiento escrito, la libertad de expresión y esta es una batalla que no tenemos ganada, que debemos pelear todos los días». Después confiesa que le preocupa que «los nacionalismos estén cambiando el mundo para mal. Están contaminando las democracias, porque el miedo a los partidos xenófobos hace que muchas formaciones democráticas asuman parte de sus postulados para evitar que les quiten el electorado. Es una deriva peligrosa. Se les debería plantar cara».