La mujer actual nació en Roma

En Roma se rompió con el estigma negativo hacia la representación del desnudo femenino
En Roma se rompió con el estigma negativo hacia la representación del desnudo femenino

La exposición «Mujeres de Roma: seductoras, maternales, excesivas» estará abierta desde hoy hasta el 14 de febrero de 2016 en el CaixaForum de Madrid.

Julio César advirtió a su esposa Pompeya con la frase: «La mujer del césar no sólo debe ser honesta, sino además parecerlo». La expresión es ilustrativa de la situación de la mujer en la Roma antigua. Pasó de ser un mero objeto, a ser una imagen. La feminidad dejó de ser un concepto relacionado con la represión, la subordinación y el servilismo, para convertirse en la personificación de la inspiración (como musa), del horror (Medusa), de la sexualidad (las Gracias), incluso de la tragedia y la pasión (Medea). Esa amplitud de lo femenino provocó una mejor comprensión del papel de la mujer en la sociedad, más involucrada en el poder, la religión y la educación, y derivó en un respeto hacia ellas.

A pesar de que veinte siglos más tarde del inicio del Imperio Romano Simone de Beauvoir todavía se refería al femenino como «el segundo sexo», el prejuicio negativo sobre la mujer al servicio del hombre comenzó a debilitarse en la cultura romana, lo cual se vio reflejado en el arte. Los restos arqueológicos de este fenómeno artístico femenino permanecían en los fondos del Museo de Louvre de París, pero gracias al convenio firmado entre la institución francesa y la Obra Social laCaixa, viajarán por los CaixaForum de Madrid, Zaragoza y Palma de Mallorca en la exposición «Mujeres de Roma: seductoras, maternales, excesivas», un «título sugerente para un tema innovador», declaró la directora general adjunta de la Fundación Bancaria «la Caixa», Elisa Durán.

Parte de la muestra, que consta de 178 piezas, se sustenta en objetos domésticos de uso más propiamente femenino, como las lámparas de aceite, candelabros o bisutería, pues fue en el hogar donde la mujer era «omnipresente», comentó el comisario de la exposición y conservador jefe del Departamento de Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas del Louvre, Daniel Roger. En ese sentido también es preponderante la decoración que rodeaba a la mujer en su casa, los mosaicos que representaban la feminidad, los retratos o las estatuillas que personificaban a las diosas. En el ámbito social, aunque seguía mayoritoriamente ausente, algunas afortunadas pudieron involucrarse en la política, como el caso de Livia, esposa del emperador Augusto. En la novela «Yo, Claudio», Robert Graves afirma que «Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto», y es que, como aseguró Elisa Durán, «las que querían intervenir en la vida pública lo hacían a través de los hombres», manera por la cual Cleopatra penetró en la política romana por medio de Marco Antonio.

Poder religioso

A pesar de que, como explicó Durán, «en Roma las mujeres adquieren un lugar destacado en la sociedad en comparación con otras civilizaciones antiguas», no será el aspecto terrenal donde más se diferencien y sean preponderantes, sino en el religioso. De hecho, «una de las formas de representar a la mujer es como sacerdotisa», agregó la comisaria y colaboradora científica del Departamento de Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas del Louvre, Aurélie Piriou. En la feminidad también está presente la vertiente espiritual, la mujer como sibila de la mitología griega y romana. Así, una de las piezas de la exposición es la crátera de Sosibios, una estructura similar a los ónfalos del oráculo de Delfos.

La relación entre la mujer y el placer en Roma es innegable. En la exposición esto es visible a través de las representaciones de las Tres Gracias como expresión de los placeres físicos, sexuales; y, además de las musas, como fuente de inspiración, es decir, de los placeres intelectuales. Totalmente opuesto es, como señala Piriou, «la interpretación de la mujer que se lleva al extremo de lo monstruoso», mitad fémina, mitad bestia, como Medusa, las sirenas o Pasífae, esposa del rey de Creta que mantiene relaciones sexuales con un toro, fruto de las cuales nace el minotauro.

Elisa Durán destacó que el proyecto «Mujeres de Roma» posee tres vertientes: «La expositiva, la investigadora (que concluye en la elaboración de un catálogo) y la restauradora». Y es que las 178 piezas de la muestra, 47 han sido restauradas recientemente, como las placas campana, una treintena de relieves de terracota en los que se puede observar el mundo dionisiaco en el que se involucra la mujer, y que comparte con el hombre la lujuria, los gustos carnales, los privilegios y los misterios, en general, la festividad. Las mujeres que protagonizan la muestra gozaban de una buena vida, formaban parte de una sociedad rica y privilegiada, pero si la exposición se centra en ellas se debe a que «no nos han llegado tantos testimonios de los sectores más desfavorecidos», comentó Daniel Roger. Éste también apuntó que, a pesar del «nuevo reparto de fuerzas entre el hombre y la mujer, en Roma es más igualitario, ni las costumbres, ni las leyes, ni las tradiciones de la época siguen esa línea y van con retraso respecto a la situación real». Por lo tanto, la evolución de la feminidad será más propia del ambiente social, cultural y artístico que del civil, legal, político... Un error en el que se puede caer en la actualidad y Durán nos insta a evitar.

La labor que han realizado conjuntamente CaixaForum y el Museo del Louvre tiene el objetivo de «investigar el mundo femenino a lo largo de la historia» y, así, cumplir con las mujeres, «las grandes olvidadas», afirmó Elisa Durán. El arte está a favor de la igualdad.