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Cela, también en catalán

Ediciones del Viento y la Fundación Charo y CJC recuperan en un volumen y edición bilingüe los textos que el escritor dedicó a Madrid y Barcelona con las ilustraciones de Juan Esplandíu y Frederic Lloveras

  • La recuperación de esta pareja de libros ofrecen un retrato diferente del Cela viajero
    La recuperación de esta pareja de libros ofrecen un retrato diferente del Cela viajero
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

29 de marzo de 2017. 04:00h

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Madrid. 29/3/2017

No es el Cela pateador de trochas, tesos y senderos; el vagabundo, amigo de feriantes, buhoneros y trujamanes, que se recorrió, un poco a la buena de Dios y sin más propósito que seguir la estrella de su destino, la Alcarria, los Pirineos, la sierra de Guadarrama y hasta los cauces del Miño y el Bidasoa. El Cela que aparece aquí no es el que salió al camino, y al encuentro de la buena o la mala suerte que le deparara el azar, con Ortega y Gasset en un bolsillo y Azorín en el contrario. Este es un Cela más observador que parlanchín, menos campechano y más erudito. Cuando el novelista emprendió su primer viaje literario –en 1946 y por tierras de Guadalajara– lo hizo ya con los prolegómenos de una teoría viajera, con un canon de normas que, como suele suceder con todos los decálogos y libros de reglas, fue infringiendo aquí y allá, y como le vino en gana o apuntaba la necesidad de su oficio. Para el primer Cela, el caminante sólo debe contar lo que ve y lo que escucha, y todo lo demás, la geografía, la historia y la etnografía, no son más adulteraciones y bastardías que sobran y están de más.

El Cela que aparece en estas páginas de «Madrid» y «Barcelona», que, con el apoyo de la Fundación La Caixa, recuperan Ediciones del Viento y la Fundación Charo y CJC en un edición bilingüe en castellano y catalán, es un paseante ameno que va de barrio en barrio, de hito en hito, contando la fortuna histórica de este palacio, de esa plaza o de aquel barrio. Más que el tiempo de la siesta y las travesías prolongadas, que es el que gobierna la asendereada vida del trotamundos, el tiempo que predomina en estos libros es el de la Historia, el de los siglos. El escritor va contando de esta manera los percances y devenires que acontecieron en las rúas y quintanas de estas dos capitales, una mesetaria y otra costera.

- Un espectador

El autor no viene aquí a referirnos si en esta esquina había un niño con las rodillas heridas o si en los portales duermen su curda los últimos juerguistas del trasnoche y la madrugada. La sangre de estos libros es de naturaleza bien distinta y procede de la mirada del hombre que vive en ellas, y no del visitante ocasional que atraviesa sus avenidas.

Ésta es una prosa habitada por la mirada del que es vecino habitual, del que ha callejeado desde hace quinquenios por sus costanillas, callejones y manzanas. Es una prosa, incluso en sus descripciones más históricas y pragmáticas, que está empañada por la nostalgia de la reflexión, traspasada por las flechas de la meditación y el estudio. Es un Cela urbano, que pisa el alquitrán de las carreteras y los adoquines de las aceras, y que no orilla los márgenes de las glebas y los descampados.

En la presentación, presidida por Camilo José Cela Conde, que estuvo acompañado por los escritores y periodistas Sergio Vila-Sanjuán y Juan Cruz, se subrayó la necesidad de recuperar la obra del Premio Nobel, que ha que quedado algo arrinconada y olvidada. «Mi padre publicó estos libros por separado, pero creo que él hubiera aplaudido que aparecieran juntos este “Madrid”, que para él es más cotidiano, y esta “Barcelona” en que es un visitante. Los dos están marcados por una clave ciudadana». Sergio Vila-Sanjuán, por su parte, destacó otros aspectos de estos libros: «En ellos puede percibirse la relación que mantiene con las dos ciudades. Es mucho más emocional con Madrid y, en el caso de Barcelona, sin embargo, procede de los lazos que mantenía con sus editores, que residían aquí en su mayoría. Pero debemos decir que cuando hablar de Barcelona lo hace desde un punto de vista histórico y monumental, sin olvidarse, tampoco, del costumbrismo, cuando se refiere a las calles, a las casas. Pero recuerda, con cierta mirada crítica, el desarrollismo de Barcelona».

Cela Conde insistió en apuntar que «el escritor se convierte aquí en espectador de las dos ciudades. Es una mirada común sobre dos realidades y mundos que son muy distintos entre sí, pero que, a pesar de esas diferencias, se puede apreciar que son hermanas, que tienen mucho en común. A mí lo que me gustaría es que las páginas que dedicó a Madrid se leyeran ahora en Barcelona y que las de Barcelona se leyeran en Madrid. Y que así se estableciera un nuevo diálogo entre ambas». Después, añadió: «Es una gran oportunidad para repasar nuestra propia postura sobre qué significan Madrid y Barcelona, algo que, desde mi punto de vista y en estos momentos, es necesario».

Este libro se añade a los homenajes que se vienen haciendo desde el año pasado para celebrar el centenario del escritor. Aparte de la exposición que se ha celebrado en la Biblioteca Nacional, se intenta ahora recuperar gran parte de sus libros, a pesar de que Destino, hace décadas, inició ya la publicación de sus obras completas. «Cuando a un hijo se le pregunta si se ha hecho lo necesario para conmemorar la memoria de su padre, la respuesta será siempre que se podía haber hecho más. Pero creo que está bien, que se va a proceder a recuperar gran parte de sus trabajos que ahora no se pueden encontrar, aunque eso se demorará todavía, los títulos irán saliendo a lo largo de los años próximos. Para mí, el colofón sería la apertura del museo de Charo y Camilo José Cela, que todavía está en barbecho, y la inauguración del centro de estudios», explicó Cela Conde.

Juan Cruz destacó la importancia del escritor en la historia de la literatura, el enorme calado que tiene para las letras, y lamentó que su nombre y su obra hayan sufrido como consecuencia de su vida privada cuando se hizo pública. Apeló a la responsabilidad de recuperar su literatura, que es lo sustancial, y dejar a un lado los cotilleos y rumores, que es lo que carece de importancia. Vila-Sanjuán también hizo hincapié en la trascendencia que ha tenido su figura en el mundo cultural español del siglo pasado: «Se ha amplificado demasiado el último Cela. Es cierto que él era una persona teatral, que disfrutaba aireando esa imagen pública. Pero si se analiza con cuidado su legado, habría también que remarcar la gran capacidad de penetración que ha tenido Cela en España. Debemos tener en cuenta que él inventó el tremendismo, que renovó la literatura durante unos años cruciales, que se embarcó en la tarea de publicar los «Papeles de Son Armadans», que, además de recuperar a muchos escritores, además tuvo un protagonismo en las artes plásticas. Camilo José Cela ha sido una presencia muy polivalente, de una tremenda fuerza. No suelen surgir de una manera habitual personas de esta envergadura. Incluso si acudimos a Francia, nos daríamos cuenta de que no hay tantos escritores de esta naturaleza. Cualquiera que desee asomarse a la cultura de la década de los años cuarenta, más tarde o más temprano se va a tropezar con él».

La recuperación de un Nobel

Camilo José Cela es una de esas figuras castigadas injustamente por un país que le gusta regodearse en lo insustancial y que aprecia poco o desprecia directamente lo importante. La cultura española debe mucho a Cela. Incluso sus detractores admiten el valor de una prosa que ha dejado en la literatura española una tremenda huella por su valor estético y por la renovación que trajo consigo. Uno de los deberes pendientes es recuperar la obra de Cela, muchas veces imposible de encontrar. A ese empeño se van a dedicar los próximos años la editorial Alfaguara y Penguin. Aparte de «Toreo de salón» también se va a reeditar «Izas, rabizas y colipoterras», aunque, lamentablemente, debido a los costes de impresión, sin las fotografías que acompañaron este célebre texto.

«Madrid, Barcelona»

Camilo José Cela

Ediciones del viento

190 páginas,

22 euros

(e-book, 12,98)

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