Literatura

Como la madre hippie de Homer

Con las novelas de Karin Slaughter, el lector tiene asegurado un mundo de brutalidad desatada, una intriga que desquicia y un tipo de sensaciones tan fuertes como ajenas a la meliflua novela negra actual. Nadie mejor que ella sabe combinar el tremendismo con las carnicerías gore, utilizando «drippings» sanguinolentos capaces de complacer tanto a un admirador de Pollock como al fan del «splatter». En una reciente entrevista, manifestaba que tan importante como la intriga son los personajes. Es cierto. Hay aquí mujeres fuertes que no se arredran ante nadie y una historia densa y complicada, que no compleja, mareando al lector con un rompecabezas megaingenioso.

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Slaughter da a sus millonarias novelas de intriga criminal, dentro de la faceta más extrema del «domestic noir», un caudal tan agitado de sensaciones fuertes y personajes veraces que la crítica debe dirigirse hacia el flanco menos acertado de su potente prosa: su incapacidad para detener ese raudal de información que lastra sus historias hasta hacerlas tediosas o innecesarias. A la escritora inglesa le vendría bien comprarse una podadora y un cortacésped y regalárselos a su editor para que le dejara el seto literario tan pulido y recortado como para poder disfrutar de su potencial narrativo finamente desbrozado.

La metáfora del jardinero fiel le vendría que ni pintiparado a la parte central del libro. Digamos, para no entrar en detalles, cuanto se refiere a los grupos terroristas contraculturales californianos de los años 70 y 80, como el Ejército Simbiótico de Liberación, que secuestró a Patricia Hearst y que se unió a su lucha anticapitalista y liberacionistas hasta que la detuvieron. Un capítulo genial de «Los Simpsons» narraba con mayor ingenio y de forma más sucinta la historia hippie de la madre de Homer, activista terrorista que todavía huía de la justicia, y lo hacía en menos de veinte minutos para decir lo mismo que Slaughter en 200 paginas. Lástima, porque la historia central engancha desde la primera página de «¿Sabes quién es?» y lo hace de forma contundente.

Infiltrado en casa

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A puro machete, recrea desde una perspectiva original la trama del «espía dormido» o el «terrorista oculto» en un entorno familiar, y expone a su personaje principal, una joven con problemas de adaptación, a un mundo claustrofóbico repleto de peligros y celadas. Como en todo «bildungsroman», la indecisa protagonista evoluciona a medida que descubre su potencial oculto en un pasado inimaginable. La autora de la excelente «La mujer oculta» no se anda con chiquitas, y aunque recurre a menudo al calibre grueso lo hace con gracia, sin rodeos y con rotundidad, ajena a la fragilidad del lector medio, amoldado al «noir» más convencional.

Para su fans, mucha sangre, desmesura y tremendismo no son defectos censurables, al contrario, son la razón última de que disfruten como enanos identificándose con mujeres tan individualista e independientes que a las feminazis les producirían escalofríos y a la protagonista de «Kill Bill» miedo cerval.

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