Cuento en estado puro

P arece indudable que el cuento es en sí mismo un género literario. Tiene estructura propia, un incisivo y sintético desarrollo de sus tramas argumentales, la elaborada configuración de personajes y situaciones, por no hablar de su lograda capacidad intrigante y sorpresiva. La narrativa breve española de mediados del siglo pasado estableció dos claras líneas estilísticas: la del cuento realista de tono reivindicativo social , y la del relato intimista, de neta incidencia psicológica y fugas hacia lo fantástico. Integrada en esta última deriva, aunque con acusada originalidad personal, cabría situar la consolidada obra de Cristina Fernández Cubas, con libros como «Mi hermana Elba», «Los altillos de Brumal» o «Parientes pobres del diablo». Su narrativa se caracteriza por incluir protagonistas de extrema sensibilidad encarados a una iniciática experiencia, una perfecta dosificación del suspense, la asombrosa contundencia del final de sus historias y una pautada prosa de inmejorable factura clásica. Tras algunos años sin frecuentar el género y con tan sólo una reciente incursión en la novela simbólica bajo seudónimo –Fernanda Kubbs–, regresa esta auténtica narradora de raza, genuina representante del mejor relato breve actual, con «La habitación de Nona», un conjunto de seis cuentos que, como acostumbra a suceder en sus libros, se encuentran cohesionados bajo tres o cuatro aspectos fundamentales: el extraordinario poder perceptivo de la infancia, la esperanzada fuerza de las expectativas juveniles, el persistente protagonismo de la memoria y el pasado, la engañosa ambigüedad de las apariencias sociales o las inabarcables posibilidades de la imaginación.

No hablar con desconocidos

El cuento que da título al volumen plantea un juego de identidades fingidas, en el que ese legendario «amigo/a invisible» de la niñez cobra inquietantes dimensiones; «Hablar con viejas» se adentra en un irónico horror cotidiano, que aconseja no intimar con desconocidos; con el pretexto de la glosa comentada del lienzo que aparece en la portada, en «Interno con figura» se desarrolla una inquietante historia de violencias familiares y secretos; «El final de Barbro» es un relato de impresionante desenlace, protagonizado por la maldad absoluta, encarnada en una taimada madrastra; en «La nueva vida» asistimos a una historia melancólica y rememorativa, en la que la frase recurrente que abre este conjunto, a cargo de Einstein, cobra todo su sentido: «La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente», ya que pasado y presente se interrelacionan en un mundo de amistades y enamoramientos; y, finalmente, todo un canto a la imaginación creativa de la libre fabulación con «Días entre los Wasi-Wano», inventada tribu fantástica que alimenta las ensoñaciones de una inquieta adolescente. Poe, Chéjov o Cortázar pueden descansar tranquilos; su género goza de excelente salud, este libro es una prueba.