Difama, que algo siempre queda

José Ovejero reflexiona sobre los equívocos en la inquietante «La invención del amor»

La mejor prueba de la vitalidad actual del género novelístico estriba en su versátil capacidad para combinar, en un mismo relato, diversos tonos y esquemas narrativos, mezclando el «thriller», la crónica sentimental, el costumbrismo cotidiano, la teorización discursiva, el retrato moral y el fascinante entretenimiento. Es el caso de «La invención del amor», novela con la que José Ovejero (Madrid, 1958) ha obtenido el reciente Premio Alfaguara. Estamos ante una historia de equívocos y fingimientos, en el marco de una penetrante reflexión sobre las relaciones amorosas como un juego de apariencias desarrollado entre ilusiones y desengaños. Samuel, contable de mediana edad en una empresa convencional, recibe telefónicamente la noticia de que Clara, su amante, ha muerto en un accidente automovilístico. Sorprendido, confuso y afligido, toma nota de la dirección del tanatorio; piensa acudir al funeral, aunque está perfectamente seguro de «no haber conocido nunca a ninguna Clara».

Origen de un error

Intrigado por la historia que alienta tras el luctuoso suceso, irá construyendo una imaginaria figuración, cada vez más real, de su «enamorada», a partir de fotografías, documentos y, sobre todo, con el concurso de quienes la conocieron: su hermana Corina, su marido Alejandro y hasta el vecino Samuel, origen del error inicial, con su nombre idéntico al del protagonista de todo este embrollo.

Una tragicomedia de las equivocaciones que transcurre entre curiosas referencias: el mentiroso Samuel, incapaz de mantener una relación estable, contempla desde la terraza de su casa un entrañable paisaje urbano, sustitutorio acaso de cualquier vinculación familiar; evita concienzudamente la palabra «amor» y, desengañado, fantasea con escribir un libro de relatos que se titularía «El amor es un cuento»; y es consciente de la fuerza demoledora del engaño: «Una mentira y todo cambia, se precipita, se disuelve». Esta novela se construye sobre una fenomenal paradoja: mientras Samuel llega a conocer profundamente a Clara, con la que no ha convivido jamás, se impone la realidad de tantas parejas de muchos años que nunca se conocerán verdaderamente. Un calculado melodramatismo, alguna clave argumental que no conviene desvelar, el irónico acercamiento a la psicología de los personajes y la devastación de la soledad conforman el sólido relato de unos seres marcados por su aislamiento. Parece que, según se sugiere, en el amor vale más estar mal acompañado que solo.

Sobre el autor

Es un novelista muy hábil con la construcción psicológica de los personajes

Ideal para...

meditar sobre las inevitables contradicciones de las parejas

Un defecto

Aunque es parte del argumento, algún forzado encuentro entre protagonistas

Una virtud

Mantiene en vilo al lector con los equívocos

Puntuación: 8