El hielo que se tragó al «Jeanette»

En la década de 1870 los estadounidenses se recuperaban de la guerra de Secesión y surgía un nuevo nacionalismo que reflejó con esplendor lo que fue la gran exposición internacional de Filadelfia donde se presentó el motor de vapor más grande del mundo. Una energía nueva parecía alentar al país que hacía muy poco había comprado Alaska al zar de Rusia por la ridícula suma de 7,2 millones de dólares. Los estadounidenses querían saber qué había al norte de aquella nueva frontera y el proyecto de una ambiciosa expedición sería beneficioso para la ciencia, el comercio y la prensa, no en vano el multimillonario y excéntrico James Gordon Bennet, propietario de «The New York Herald», fue el mecenas financiador de una aventura que esperaba encontrar el ansiado Paso del Noroeste y poder poner en comunicación el Océano Pacífico con el Atlántico a través del estrecho de Bering.

En medio de una enorme expectación el 8 de julio de 1879 partía del puerto de San Francisco el «Jeannette», una vieja cañonera dotada de un motor auxiliar a vapor y cuyo casco había sido reforzado por los mejores ingenieros navales para hacer frente a los hielos árticos y lograr que su comandante, el capitán de navío George De Long y los treinta y tres tripulantes bajo su mando, fuesen los primeros seres humanos en hollar el Polo Norte.

Pero a pesar de este aliento multitudinario, a los pocos meses de navegación el «Jeannette» quedó atrapado durante más de dos años por unos hielos árticos que acabaron por triturarlo y engullirlo para siempre dejando a sus tripulantes abandonados sobre placas de hielo muy inestables porque se acercaba el verano ártico.

De Long y su tripulación lograron salvarse y también buena parte de las provisiones, equipaje, documentos y muestras científicas recogidas hasta ese momento. Cargaron todo en los trineos disponibles creyendo que emprendían la vuelta a casa, pero se encontraban a casi dos mil kilómetros de la costa de Siberia, y no sabían cuándo ni a qué distancia podrían encontrar los primeros asentamientos indígenas y desconocían además cómo se había diezmado la población de Alaska debido a la forma de actuar de los balleneros norteamericanos.

Solo 14 personas

La embarcación estuvo atrapada en el hielo durante casi dos años recorriendo un trayecto de tan solo unos 480 kms. pero lo peor de todo fue la suerte corrida por sus tripulantes cuando al llegar a mar abierto hubieron de repartirse en las tres precarias embarcaciones que llevaban consigo. Sobrevivieron únicamente catorce personas de las treinta y tres que viajaban en el barco y el relato de las penalidades que padecieron los supervivientes resulta como poco espeluznante. Hampton Sides es capaz de narrar en esta obra la épica de este viaje con la pasión y la emoción que se merece una dramática epopeya como ésta y el lector queda atrapado como si escuchara una fascinante historia de aventuras que estremece por su autenticidad.