La transición según Pérez Zúñiga

El poeta y narrador Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971) alcanzaba el reconocimiento de crítica y público con «La fuga del maestro Tartini» (2013), una novela que evocaba la vida de un músico del siglo XVIII, obsesivo perfeccionista de su arte y de ambiciosas aspiraciones fáusticas; una trayectoria que acabará confirmando con «No cantaremos en tierra de extraños» (2016), impresionante historia de derrotas y exilios donde aparecía un personaje, Ramón Montenegro, sargento republicano que participará en la liberación de París durante la II Guerra Mundial y que volvemos a encontrar en su nueva obra, «Escarcha», abuelo aquí de su adolescente protagonista, guía moral y referente histórico de una iniciación a la vida. Situada la trama en la Granada de la Transición política, asistimos a la formación personal del joven Manuel Montenegro, Monte, detallándose su proceso de tanteante reconocimiento del mundo: rutinas colegiales, ritos religiosos, secretos familiares, escarceos amorosos y ensoñadas fabulaciones conforman su imaginario juvenil. Se trata de una «bildungsroman» que refleja a la vez, con tierna ironía sentimental, los cambios que experimenta la sociedad española del postfranquismo: la recuperación histórica, el arraigo de la mentalidad democrática y las inminentes aspiraciones modernizadoras.

Poética existencial

Un abigarrado grupo de personajes acompañan a Monte en sus peripecias vitales: Ramón y Daniel, los abuelos combatientes, cada uno un bando, en la Guerra Civil; sus padres: Elvira, pianista, refinada y protectora, y Manuel, profesor universitario que le lee a los clásicos; Sara, la Albina, extravagante adivinadora; Isabel, primer idealizado amor; Haddock, Ancas, Antifaz y el Rubiales, pícara cuadrilla de amigos; o el inquietante Roberto, profesor de música de torvas y aviesas intenciones.

Todo el relato aparece impregnado de una particular poética existencial, desde el verso de Lorca que encabeza que motiva su título, «Grandes estrellas de escarcha vienen con el pez de sombra», hasta las propias ensoñaciones literarias del protagonista, formadas por aventureras ficciones de Jack London o Stevenson. Entre humorísticos episodios y algún dramático incidente transcurre el aprendizaje ético, sentimental y artístico de un muchacho que acaba comprendiendo el sentido de la vida con una frase que le repite su padre: «Cuando mueras solo te examinarán de amor». En su diario personal Monte recoge sus sueños del porvenir, paralelas realidades fantasiosas y el despertar de una sensualidad de ilusionado lirismo e ingenua realización.