No mires a los ojos de la sirena

A finales del siglo XVIII, en pleno Londres georgiano, la existencia del armador viudo Johan Hancock discurre de forma plácida e insustancial hasta que la paz de su hogar se ve interrumpida por un hecho tan asombroso como extraordinario: el capitán de una de sus embarcaciones ha vendido el navío en los mares de China para adquirir una sirena. Aunque en su momento fue capturada viva, ahora es un cadáver de tamaño mediano y horrible aspecto que luce uñas afiladas así como una desconcertante cola de pez.

Como versado comerciante, mister Hancock buscará un local en la ciudad –un café para ser más concretos– donde exhibir su propiedad e intentar sacarle partido. Las multitudes acuden para presenciar tan extraordinario hallazgo, pero la oportunidad de lucrarse con la sirena llamará también la atención de la señora Chappell, dueña de uno de los más célebres burdeles de la ciudad de Londres. La madame barajará la idea de organizar fiestas con visos de espectáculo con el reclamo de la maravilla llegada de los mares.

Por su parte, el solitario Hancock verá ante sí la oportunidad de ingresar en las altas esferas de la sociedad londinense y, tal vez, encontrar de esta manera el amor que tanto anhela y que le es esquivo. Una antigua y hermosa cortesana, Angelica Neal, a la que conoce en la primera de las fiestas organizada por Chappell, será el instrumento que usará la alcahueta para canalizar sus intereses. Pero no olvidemos que, en consonancia con la mitología antigua, una sirena puede llegar a ser como el «horcrux» rowlingniano, es decir, que logra sacar lo peor de cualquiera que tenga la mala suerte de cruzarse en su camino. ¿Se podrán resistir los hombres a sus encantos y al poder de aniquilación de esta criatura ? Ingenio, intriga y nostalgia se mezclan en un maravilloso primer libro que entreteje dos mundos –el del mar y el de la prostitución– a la perfección, por no hablar del lirismo que desprenden ciertos pasajes en los que la sirena «atrapa» a los hombres que la observan regalándonos instantes de absoluta melancolía.

Control narrativo

De igual forma, el autor combina con maestría el mito y la leyenda con las realidades brutales del pasado: el racismo, el maltrato femenino, la desigualdad social... En manos de un escritor de menor talento, tantos mundos colisionando podrían resultar un desastre, pero Imogen Hermes posee un admirable control sobre todos los hilos narrativos, sin dejar nunca que el ritmo decaiga. Atravesado el primer tramo moroso de la historia, la lectura resulta completamente hechizante. Una verdadera delicia.