Pesadilla en el internado

«Cuatro por cuatro». Sara Mesa. Anagrama. 270 páginas,. 17,90 euros

Un colegio –como en «Botchan» de Soseki– y más aún, un internado –especialmente el de «Nunca me abandones» de Ishiguro– resultan, en ficción, lugares asfixiantes. Predecimos páginas del clásico estilo «bildungsroman» o novela de iniciación, donde asistiremos al proceso de desarrollo y aprendizaje, que, por empatía o rechazo, nos hará revivir momentos de nuestra propia biografía. Es el caso de «Cuatro por cuatro». Transcurre en una institución mixta, donde se aplica la segregación y a la que acuden a vivir y formarse hijos de familias poderosas, pero también excluidos, como becados o hijos de trabajadores. Se predice que habrá dolor, no pocas tensiones y extrañas interrelaciones. En la línea de su anterior libro, «Un incendio invisible», sus intereses narrativos vuelven a centrarse en los lazos de abuso y poder, donde, los protagonistas, más que antihéroes, son encarnaciones de manifiestos perdedores al servicio de una narradora que observa con ojo descarnado un lugar opresivo y hermético, aislado del exterior e instalado en un bosque tras una alambrada. La insana forma de relacionarse, no sólo está perfectamente descrita, sino que se nos ofrecen insalvables brechas entre lo que parecen ser y lo que en realidad son, sostenido sobre una sintaxis breve y rotunda. El diario de un profesor suplente conforma la segunda parte, amplificando dudas sobre ese supuesto micro universo perfecto pero minado de secretos. Libro tan áspero y amargo como sincero e inteligente.