Petros Márkaris, el desencantado

El autor griego cierra con «Liquidación final» su «Trilogía de la crisis». «Liquidación final». Petros Márkaris. Tusquets. 344 páginas, 19 euros.

El autor, durante su visita a Madrid
El autor, durante su visita a Madrid

Escribe sobre esa Grecia en la que sus tragedias y ruinas hace tiempo que dejaron de ser palabras orgullosas de un pasado glorioso para convertirse en el desesperanzado lenguaje de un presente anémico. Ebrio de desilusión y desencantado de la política tóxica, Petros Márkaris sumerge al policía Kostas Jaritos en su segunda obra sobre la llamada «Trilogía de la crisis». Tras «Con el agua al cuello», en «Liquidación Final» (Tusquets) Jaritos se enfrenta a un asesino «justiciero» que se ha erigido como recaudador nacional frente a todos aquellos ricos que evaden sus impuestos. Este sanguinario Robin Hood cuenta con el apoyo de muchos ciudadanos porque, cuando los defraudadores no realizan el pago del dinero que deben al Estado, acaba con sus vidas. Entre el conflicto moral y la crispación, el libro recrudece la primera entrega sobre la crisis y, por eso, comienza con una advertencia inicial al lector: «Se desaconseja cualquier imitación de los hechos narrados en esta novela». «Las situaciones desesperadas conducen a medidas desesperadas. El objetivo de mi libro es decir: «Si no reaccionáis de la forma correcta, las cosas se os van a escapar de las manos». Hay demasiadas diferencias entre la gente y los políticos: para los primeros, la vida diaria es una tragedia y, para los segundos, la tragedia es un argumento. Y eso va a conducir a reacciones incontroladas. «La vida en Grecia va empeorando gradualmente, se va haciendo más oscura, de ahí que mis novelas también lo sean», explica Márkaris.

Ensayo para novela

Tras escribir ensayos y artículos sobre la actual situación económica –«La espada de Damocles», «La crisis en Grecia y el destino de Europa»–, al autor le sorprende que le pregunten con frecuencia por qué escribir novela negra sobre este tema. Para Márkaris, la respuesta es sencilla: «Esta crisis es un crimen, un delito ''per se''. Por lo tanto, el género literario más cercano es la novela negra. Los artículos de ensayo que escribí previamente fueron un ejercicio para entender yo mismo lo que estaba ocurriendo». Comprometido con los problemas actuales, al igual que Jaritos, el autor también se enfrenta a un dilema moral y descarta ofrecer lecturas que inciten a la evasión y al escapismo. «Mi conflicto, en realidad, es que yo también he llegado demasiado tarde a darme cuenta de que las cosas son como son y estoy escribiendo sobre ellas desde un punto de vista seguro ya, cuando el problema estaba ahí desde principios de los 80. En esa época yo y otros intelectuales griegos decíamos "esto no va a funcionar", pero nos lo decíamos los unos a los otros, no lo decíamos en público, y ése es el problema», confiesa.

Desde la trinchera de las palabras, Márkaris aboga por el compromiso social y lamenta que los jóvenes griegos crucen la frontera en busca de trabajo. «Vamos a perder tres generaciones y sin ellas el país está hundido. Estamos construyendo una nueva clase obrera de personas formadas, de universitarios», comenta. Ante este panorama, la frustración con el proyecto comunitario emerge, aunque para Márkaris era ya un problema de fondo. «Cuando las cosas van bien, todos estamos felices. El euro estaba lleno de perspectivas: una moneda positiva que unía a todo el mundo... ¡qué error! Una nación no sólo se construye en base a una moneda, pero nosotros creíamos que podríamos construir Europa de ese modo».

el problema son los valores, no la economía

Rechaza esperanzas volátiles como las que, según él, han engordado el optimismo que nos llevó de cabeza a la actual situación. Para Márkaris, la principal fábula que cuenta la historia de los países rescatados era esa riqueza, sólo virtual. Y el mayor engaño, creer que la crisis es sólo una cuestión económica. «Ése fue el problema: ignoramos que eran los valores los que estaban entrando en crisis; mezclábamos crisis de valores con la crisis de moneda», lamenta Márkaris.