¿Sigue vivo Don Juan?

Edgardo Dobry analiza en este documentado y ameno volumen el origen, desarrollo y la vigencia y vitalidad del mito del burlador

Edgardo Dobry analiza en este documentado y ameno volumen el origen, desarrollo y la vigencia y vitalidad del mito del burlador.

En el autobiográfico poema «Retrato» que abre «Campos de Castilla», de Antonio Machado, éste precisa que «Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido», aludiendo a dos legendarios personajes que tenían en común su capacidad amorosa e infatigable actividad erótica. Ambos participan ya de un referente cultural instalado, de diversos modos y desde hace siglos, en una sentimental conciencia colectiva: el donjuanismo, el mito del conquistador de mujeres, a quienes engaña, «burla», con falsas promesas de un perdurable amor. En la literatura española, «El burlador de Sevilla», de Tirso de Molina, o «Don Juan Tenorio», de Zorrilla, son acaso los más conocidos dramas clásicos de una temática que se diversifica, además, en manifestaciones musicales –«Don Giovanni», de Mozart– o cinematográficas –«Valmont», de Milos Forman–, e implicaciones psicoanalíticas, estéticas y políticas. Edgardo Dobry (Rosario, Argentina, 1962), profesor de Literatura Hispanoamericana y Teoría de la Literatura de la Universidad de Barcelona, ha estudiado en profundidad esta arraigada tradición mitográfica en «Historia universal de Don Juan», un ensayo acertadamente subtitulado como «Creación y vigencia de un mito moderno», ya que se aborda aquí el origen, desarrollo y presencia del donjuanismo como un sugestivo referente de extraordinaria vitalidad en nuestro actual ámbito cultural.

Carácter infantil

Se diseccionan, con impecable rigor académico no exento de una lograda amenidad expositiva, asuntos tan interesantes como la mutante tipología estética de don Juan: renacentista, romántico, operístico, etcétera; su capacidad para reflejar simbólicamente nuestras angustias y expectativas; la intención eróticamente acumulativa y jactanciosa del burlador; su necesidad de arrebatar la amada a otro contrincante; la pertinaz palabra de casamiento siempre incumplida; la ausencia de celos, porque no privatiza su amor; una perpetua insatisfacción, aún colmando el deseo sexual; su ausencia de un proyecto vital, esclavo de la inmediatez del impulso erótico; el solitario individualismo de quien vive en medio de provocados «lances y desafíos», o la decisiva función de la fama, fabulesca y legendaria, que le precede. Se consigue aquí una matizada semblanza del burlador, que combina una visceral inmadurez con la taimada falsedad estratétiga: «Por eso la promesa de matrimonio no tiene ningún valor, dado que él mismo no puede darle significado. Es una de sus características más notables: su perpetuo estado infantil, su carencia de una proyección en el tiempo que vaya más allá de la búsqueda de satisfacción inmediata». (pág. 71) Destacan las estudiadas alusiones al «Poema inacabado», de Gabriel Ferrater; la equivalencia entre don Juan, don Quijote, Fausto y Robinson Crusoe como incuestionables mitos de la modernidad; la contrafigura, inquietante y perturbadora, del Convidado de Piedra o el sentido clasista de la táctica donjuanesca. Un ensayo de decisiva perspicacia y documentada amenidad.