Una tertulia monologuista

Siempre es gratificante conocer las interioridades de un estilo literario formuladas por el propio autor, quien desvela recursos y finalidades de su particular escritura. Es el caso de Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) y «Los desayunos del Café Borenes», un libro que acoge la «nouvelle» que le da título y otro texto de tono ensayístico, «Un callejón de gente desconocida», sobre la función actual de la literatura. En ambas partes, idéntica intención: la defensa de la ficción frente a la escritura autobiográfica o la crónica testimonial predominantes en estos últimos años. En «Los desayunos...», un novelista vocacional y oficinista jubilado asiste a una animada tertulia de imprecisos aires provincianos que es sólo el pretexto ambiental para una decidida crítica de la mercantilización de la literatura, un ataque directo a la cultura (por así decir) del «best-seller», producto digno acaso en sus pretensiones, pero alejado de cualquier rigor intelectual. En imaginaria cita alusiva, leemos: «A veces tenemos la impresión de que cada día abundan más las novelas que no son novelas y que están escritas por novelistas que no son novelistas para lectores que no leen».

Este alegato en favor de la imaginación defiende la atmósfera narrativa, la recreación –entre el sueño y la vigilia– de un neblinoso paisaje quimérico, la importancia de unos personajes (esa «gente desconocida») que fabulan desde el recuerdo y el olvido. Contra el realismo mimético o reivindicativo, el poder de la libre mixtificación que construye esos otros mundos que también están en éste.