Lo que Miles Davis debe a Debussy

Montaje de «Pélleas et Mélisande», ópera de Debussy, que se vio en el Teatro Real en 2011
Montaje de «Pélleas et Mélisande», ópera de Debussy, que se vio en el Teatro Real en 2011

La vida de Claude Debussy, francés de nacimiento, de quien hoy se cumplen cien años de su nacimiento, fue una montaña rusa de emociones. En ella se alternaron los periodos de febril composición con otros en los que el ánimo se mostraba más esquivo y deprimido. No le ayudó –o quizá sí lo hiciera– ese gusto suyo por frecuentar los ambientes noctámbulos y acodarse al final de la barra del bar, la ruptura precipitada de su compromiso con una joven a punto de llegar al altar o la mala relación entre sus padres. No le faltó, sin embargo, cobijo entre las letras y los pinceles de sus contemporáneos (Mallarmé, Maeterlinck, Monet, Degas, y tantos) ni la admiración confesa de Marcel Proust. Fue bautizado como el padre de la modernidad musical. No es calificativo exagerado pues utilizó el primero la escala tonal completa en sus composiciones influido por la música oriental que había escuchado en el París de finales del siglo XIX. Y el primero también en romper de raíz las relaciones entre los acordes por las que uno ya no llevaba al siguiente. Fue un revolucionario, un artista avanzadísimo. Un pionero en toda regla. Cansado del romanticismo alemán probó a transitar por otros caminos. El jazz bebió de sus fuentes, un género que nació hacia 1917, justo un año antes de que él muriera. Se adelantó de nuevo al incorporar el «ragtime» en sus composiciones y salirse de la norma clásica establecida. Otra vez lo volvía a hacer el incorregible Claude. En él se fijarían grandes como «Django» Reinhardt y ese gigante de la trompeta que fue y sigue siendo Miles Davis, cuya admiración por el francés no escondió. Basta traer a la memoria ese diamante en bruto que es «Kind of Blue», grabado en dos sesiones en 1959 (Debussy llevaba ya cuarenta años bajo tierra pero tiempo tuvo el músico nacido en Alton, Illinois, de dejarse empapar el cerebro y la camisa con sus acordes) y que ha quedado como uno de los inmensos trabajos que ha dado la música en el siglo XX. Con Debussy, que seguro hubiera acompañado al piano a Davis, de fondo. O al contrario ¿Los imaginan en un club de los 50 lleno de humo y ávido de la mejor música?

Yo, créanme, los estoy visualizando.