Los animalistas, contra el arte chino

Una muestra con lo más representativo de la creación de este país desde 1998 a 2008 que ha levantado las primeras críticas.

«El teatro del mundo» (1993) recrea, a través de insectos y reptiles, una metáfora de la realidad social del planeta. Efe
«El teatro del mundo» (1993) recrea, a través de insectos y reptiles, una metáfora de la realidad social del planeta. Efe

Una muestra con lo más representativo de la creación de este país desde 1998 a 2008 que ha levantado las primeras críticas.

La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, supuso el fin de la Guerra Fría y la apertura de una nueva etapa histórica en Europa que vendría marcaba por la globalización, la apertura de los mercados, el neocapitalismo y la irrupción de las tecnologías. Unos meses antes, el 2 de junio, el gobierno chino reprimía a los estudiantes en la plaza de Tiananmén. Un suceso, que, aparte de aportar a la historia visual del siglo XX la fotografía de un temerario joven intentando obstaculizar la marcha de un tanque, terminaba con el aliento de apertura que parecía haberse extendido a lo largo del país. Un movimiento o aire de libertad que en el arte había sido consagrado por la exposición «China/Avant-Garde» de la Galería Nacional de Arte de Pekín, que seguía los preceptos del socialismo, que bendecía el arte experimental y experimental.

Una iniciativa que desafiaba el orden impuesto a través de una batería de «performances», vídeos y un determinado número de actuaciones marcadas por la abstracción. La reacción de los creadores a este nuevo viento autoritario que recorrió su nación no se hizo esperar. Y es justo este instante el punto de inicio de la exhibición que acoge el museo Guggenheim de Bilbao.

Más allá de Ai Weiwei

La muestra reúne obras de 71 artistas chinos, una demostración tangible de que en esta nación existen más creadores aparte del celebérrimo Ai Weiwei (también presente), pertenecientes a una generación muy particular, la enmarcada entre esa fecha 1989 y los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, un evento deportivo que supuso la tarjeta de visita como nueva potencia. «No se puede hablar de arte chino, sino de arte y China. Son dos realidades paralelas, que no van juntos, pero que interaccionan mutuamente», explica Alexandra Munroe, comisaria de la exposición junto a Philip Tinari y Honu Hanru. Para ella, estos innovadores «han dado una perspectiva diferente de la humanidad, de las ideas occidentales y la herencia del racionalismo». A partir de esas fechas, la evolución del arte en China irá de la mano de las actuaciones y decisiones que tomen sus gobernantes, como el golpe de timón que Den Xiaoping dio en 1992 y su «giro por el sur», esa liberación económica que fraguaría en el famoso «un país, dos economías» y que incorporaría el capitalismo. «Es cuando irrumpe la globalización y se producen los cambios económicos, sociales y, también, intelectuales, en Asia», sigue Munroe.

El reflejo de este impacto dio paso a una reflexión exhaustiva por parte de los artistas, que empiezan a cuestionarse algunos asuntos como la arquitectura monumental como expresión del poder, el idioma como herramienta de dominio, las formas y lenguajes del autoritarismo, el papel de China como productor y consumidor... El equilibrio en la población y los nuevos vínculos entre civilizaciones está bien representada en una de las piezas más polémicas (fue retirada del Museo Guggenheim de Nueva York y con anterioridad del Pompidou de París) que se han traído: «El teatro del mundo» (1993), de Huang Yong: una jaula de hierro y madera en forma de tortuga en cuyo interior se encuentran, al ser liberados de sus cajas, una amplia representación de insectos y reptiles, como grillos, ciempiés, arañas, lagartos, escorpiones, saltamontes y una variada colección de coleópteros. Obra unida a «El puente» (1995), del mismo artista, concebida como un recinto para tortugas y serpientes que conviven sin molestarse, y que, según explicó el propio Huang Yong, «simboliza el conflicto real entre unos y otros. Es una metáfora de los humanos, que, en ocasiones, pactan y, en otras, entran en conflicto».

También destaca la polémica «A Case Study of Transference» (1994), de Xu Bing, una grabación de dos cerdos pintados copulando, mientras el público observa la tarea de apareamiento de los mamíferos. Una pieza que también fue retirada del Guggenheim debido, como en el caso de Huang Yong, a las protestas de colectivos animalistas (en Bilbao ya se han convocado concentraciones para manifestarse).