María Callas, la vida en una exposición

María Callas continúa siendo un mito a los 40 años de su temprana desaparición. Tanto interés suscitó y suscita que esta primavera hubo en Grecia, su país natal, una exposición que ahora recala en París. Y que resulta evocadora de una de las personalidades más fascinantes de la historia del canto. Su vida, tanto artística como humana, se puede recorrer a lo largo de bastantes salas del espléndido Seine Musicale. Allí está el vídeo del segundo acto de «Tosca», de su «Norma» parisina, etc. Una curiosa foto refleja el primer viaje a Suramérica que tanto tuvo que ver en el nacimiento de su fama. En ella aparece junto a Mario del Monaco y el resto de la compañía en un salón del barco que les trasportaba. También el cartel de su debut en Verona con «Gioconda»; sus grandes triunfos en Florencia con «Visperas sicilianas» y Venecia alternando «Puritani» con «Walquiria», la «Traviata» lisboeta con el joven Kraus... y, como no, sus grandes escándalos: la foto de la tigresa tras ser casi detenida en la «Butterfly» de Dallas o la cancelación de «Norma» en Roma después de su primer acto. Los vídeos con declaraciones, bajando de aviones o en entrevistas televisivas no tienen desperdicio.

Todo ello, con muchas grabaciones en vivo y de estudio, muestran su arte, pero a quienes ya lo conozcan interesará mucho más su lado humano y en este tuvieron mucho que ver sus tres amores conocidos. Su primer marido, Meneghini, la guió en el arte y en la vida. Los casi 30 años de diferencia y su acomodada posición podrían hacer pensar en un matrimonio de interés, pero nada más lejos de la realidad al leer la preciosa carta que le dirigió la esposa al marido tras una discusión. Se trasluce la enorme dependencia de ella en todos los sentidos, con un reconocimiento expreso y emocionante. Hay otra carta, esta vez a Aristóteles Onasis, su segundo marido, casi tan entregada. Ambas reflejan un carácter problemático. Es curioso que, como expresamente se señala, no exista documentación escrita sobre su profundo cambio de imagen, por el que pasó de ser casi un paquidermo –palabras de Giulini– a una gacela hermana gemela de Audrey Hepburn, tal y como aparece en algunas fotos y vídeos, en los que admira por una belleza que hemos olvidado. Poco a poco, se llega al final. A su gira de despedida con un Giuseppe di Stefano convertido en pareja en los escenarios y la cama. Sus últimas imágenes con sus dos perritos en la puerta de su casa de George Mandel presagian el final en su tristísima mirada. Luego un féretro que apenas se vislumbra entre una selva de flores... Sobre su mesilla una nota entre las páginas de un libro «A T. –la inicial de Titta, como llamaba a su primer marido– In questi fieri momento...» ¿Les suenan estas palabras? La leyenda continúa.