Mil y un edificios «made in Spain»

La rehabilitación del Rijksmuseum de Ámsterdam, obra de Cruz y Ortiz, es uno de los grandes ejemplos del trabajo de firmas españolas
La rehabilitación del Rijksmuseum de Ámsterdam, obra de Cruz y Ortiz, es uno de los grandes ejemplos del trabajo de firmas españolas

De Yokohama al Rijksmuseum, obras emblemáticas en todo el mundo llevan firma española.

Sólo un español (Rafael Moneo) ha conseguido el Premio Pritzker, el galardón más prestigioso del mundo en arquitectura, lo que nos deja en un lugar modesto en la clasificación de países, pero no se derroten: algunas noticias recientes son prometedoras. Dos de los cinco proyectos finalistas –elegidos entre 1.700– para construir el nuevo Museo Guggenheim de Helsinki (Finlandia) son españoles. Andrés Jaque ha ganado el concurso del MoMA para levantar el pabellón PS1, la medalla Alvar Aalto (que se concede cada tres años) ha sido entregada a Nieto y Sobejano y la trienal de Oslo de 2016 estará comisariada por un equipo de cinco españoles. Sin embargo, el objetivo de la exposición que acaba de inaugurarse en el ICO en Madrid no es hacer un inventario del orgullo patrio, sino mostrar de una forma amplia cómo estas firmas hacen fuera algo más que edificios.

Valorar un edificio

La muestra abarca desde 2002 (cuando el equipo de Alejandro Zaera-Polo concluyó la terminal marítima de Yokohama) hasta 2014 (año en que Cruz y Ortiz abrieron de nuevo el Rijksmuseum), es decir, el inicio y final de la crisis económica, un periodo en que los profesionales españoles han tenido que emigrar para sobrevivir. Más de 200 proyectos reciben al visitante al entrar. Unos, icónicos y espectaculares; otros, viviendas sociales o escuelas en África que componen una panorámica antes de ir al detalle, y a las preguntas. «La arquitectura ya no consiste en poner un ladrillo encima de otro. Supone tejer redes, plasmar ideas, poner en práctica conceptos», señalaba el comisario de la exposición, Edgar González.

Muchas cosas han cambiado. Para empezar, ¿cómo se valora una obra? Más interesante que el jurado del Pritzker es conocer cuántas veces en un día los ciudadanos suben a Instagram una foto con el edificio. Si lo hacen, es lógico pensar que el espacio es importante para ellos, sin duda es algo que aprecian. Así, el citado de Yokohama es una referencia para los japoneses y uno de los lugares más importantes del país. Otra cuestión es la autoría. Grandes firmas ponen la rúbrica a proyectos que están llevando a cabo innumerables jóvenes profesionales españoles que trabajan de incógnito. La exposición les pide un «selfie» para hacerse visibles y también se acerca al sistema formativo de los arquitectos en España, «uno de los mejores del mundo», según el comisario. «Tenemos una mezcla de ingeniería y arte que se da en pocos países. En Inglaterra o Italia son más artísticos; en Alemania, matemáticos. Pero el modelo español produce profesionales de mucho valor... con baja remuneración». La muestra reflexiona sobre el papel de las ONG como canalizadoras de proyectos de gran interés por sus valores ante la falta de iniciativa privada. O la relevancia de los estadios de fútbol (el campo del Espanyol, en Cornellá, fue considerado por la UEFA el mejor del mundo).

Hay muchos más ángulos interesantes: ¿cuál es el papel de los «resorts» turísticos que reproducen el mismo modelo de piscinas y palmeras en México, Canarias o Tailandia? ¿Juega Inditex un papel al ocupar los mejores edificios de cada ciudad para colocar tiendas de Zara? ¿Y el Instituto Cervantes? Cabría preguntarse qué efectos tiene para los ciudadanos de un barrio que abra un centro o el otro. La presencia de españoles va más allá: desde la construcción del Canal de Panamá hasta el abastecimiento de los asientos de las salas de conferencias en la Casa Blanca, de la fima catalana Figueras. Y los concursos, claro: Manuel Álvarez Monteserín reclutó un inmenso equipo mayoritariamente español que dedicó 7.000 horas de trabajo para obtener la construcción del complejo cultural Kaohsiung, en Taiwán.