Muere Forges: Adiós, viñetas con historia

El dibujante retrató a España durante medio siglo. Fue pieza clave en la Transición gracias a su ironía y a sus chistes que, además de hacer reír, hacían pensar

Antonio Fraguas "Forges"ha fallecido a los 76 años
Antonio Fraguas "Forges"ha fallecido a los 76 años

El dibujante retrató a España durante medio siglo. Fue pieza clave en la Transición gracias a su ironía y a sus chistes que, además de hacer reír, hacían pensar.

Un hombre que era capaz de expresar tanto en tan poco espacio y texto co-mo Forges, solo podía despedirse de una forma discreta, lo que él siempre fue. Tenía la virtud de jugar en el fango –metiéndose con la política o la sociedad– y nunca se manchaba. En palabras de su hijo Toño: «Nuestro padre daba cariño y ternura». Y eso, porque uno recoge lo que siembra, es lo que recibió ayer la familia de Forges, según sus propios miembros dijeron, durante su velatorio, en el Tanatorio de la M-30.

Por allí pasaron numerosos periodistas de los medios donde dejó su huella. El periodista Jesús Álvarez, por ejemplo, tuvo un emotivo recuerdo para él. Primero confesó que acudía a despedirse más por su «relación personal que por la profesional». Además, contó una anécdota sobre un dibujo que le hizo a su padre, el también periodista Jesús Álvarez, antes de que éste falleciese en 1970. Ignacio Escolar también estuvo presente, reconociendo la labor editorial que tuvo Forges durante la etapa más relevante de la historia de España, y afirmó que demostraba que «a veces una viñeta cuenta mucho más que un largo y sesudo texto».

En el ajedrez de la Transición, Forges no fue un simple peón. Era más bien una torre desde la que observaba un país totalmente nuevo. Aunque suene medieval, con sus viñetas Forges transmitía la actualidad a una población que venía de la desinformación y aún tenía carencias para comprender todo lo que le proponía una prensa que también estaba naciendo. Incluso conectó con los lectores antes que muchos periodistas.

Nos suena extraño que Forges haya muerto ayer, a los 76 años. Es raro porque es como haber cerrado un episodio del que él fue protagonista. Es raro porque siempre nos daba un chiste nuevo todos los días y ya no los tendremos. Y es raro porque se va un defensor del pueblo, alguien que se metía con Hacienda y el importe de las pensiones, alguien que luchaba por el bienestar del arte que más tenemos al alcance, la literatura, y alguien que, en definitiva, nos retrató para que supiésemos cómo éramos. Y lo hizo tan bien que hasta se adelantó en conocer a las nuevas generaciones. Los jóvenes de hoy usan el vocabulario propio de Forges, como «bocata» o «muslamen», sin necesariamente saber quién fue su creador.

Muchos lo descubrirán en estos días. Y quizá se sorprendan por curiosidades como la de su procedencia. Su madre era catalana (de ahí su alias), y su padre gallego. Él, sin embargo, nació en Madrid. Y con el humor que le caracterizaba él solo podía ser de un equipo de fútbol que no tenía nada que ver con ninguna de las tres comunidades, el Athletic de Bilbao. Sí, Forges era una representación de España con toda su diversidad.

Ahora, pasa a ser parte de nuestra historia. Y lo que deja es un rastro de bondad, inteligencia y humor. Su herencia es tan ricao a nivel emocional que su hijo Toño sonreía mientras hablaba con la prensa cuando aún no había pasado medio día desde su muerte. Era lo que hubiese querido mi padre, comentó, «que nunca perdamos la sonrisa». Además, aseguraba que estaban «contentos» por las muestras de afecto que le habían llegado en plena madrugada, cuando los medios ya lanzaban la noticia.

José María, el hermano pequeño de los ocho que tenía Forges, dijo que para todos ellos, Antonio –que así se llamaba oficialmente– fue como «un segundo padre». También describió que su legado es el «de esforzarse porque hacer llegar un mensaje de estima y cariño».

Para acabar, el velatorio de Forges nos dejaba una última viñeta que podría haber salido de su pluma, una de esas con la ironía suficiente como para que cada uno saque sus propias conclusiones. La de un taxista a las puertas del tanatorio, junto a un compañero, diciendo que nunca vió nada de Forges porque él era rockero y no leía la prensa. Justo delante, una barrera de cámaras y reporteros pendientes de todos los que iban a dar un últimos adiós al maravilloso dibujante, que seguramente sonreiría con la situación.