El Pop ahora se llama Morat

El cuarteto colombiano se entregó a un Wizink Center de Madrid lleno y entusiasta que no dejó de bailar.

Un momento del concierto

El cuarteto colombiano se entregó a un Wizink Center de Madrid lleno y entusiasta que no dejó de bailar.

Lo dieron todo. Morat, el cuarteto colombiano formado por Juan Pablo Isaza, Juan Pablo Villamir, y los hermanos Simón y Martín Vargas se entregaron al público del Wizink Center de Madrid con un aforo completo. “Nuestra carrera comenzó aquí, y para nosotros estar es un sueño”, confesó Isaza en las primeras canciones. Y es que hace tres años y medio pisaron ese mismo escenario para acompañar a Paulina Rubio con “Mi nuevo vicio”. Y desde entonces no han parado. Recién llegados de EE UU, Morat ha conseguido en apenas cuatro años consolidarse como una de las bandas pop más importantes del panorama musical tanto en España como en Latinoamérica.

Durante dos horas y media, casi sin parar, e ignorando el cansancio, entre “el amor y sus efectos secundarios” del primer disco y las “balas perdidas” del segundo, cantaron y contaron sus canciones a un público entusiasta que no dejó de bailar y corear sus temas. Familias con niños, padres con hijas adolescentes, jóvenes, parejas y grupos de amigos brincaron y gritaron al son del “yo contigo, tú conmigo” que convirtió a alguna madre del público en la mejor de las bailarinas ante la mirada de sorpresa de su hijo. No se sabía quién era más fan. La música de Morat tiene algo de alquimia, capaz de entusiasmar incluso con una letra triste. Y es que con el cuarteto colombiano las balas perdidas a veces son misiles directos a la memoria. Cantaron cuatro nuevos temas que han sumado a su segundo disco, entre ellos “Presiento” junto a Aitana que les acompañó en el escenario. Martín, el batería del grupo, se estrenó con una composición en solitario. Simón lo bailó todo con guitarra o al teclado y dio paso a esa letra que compusieron para cuando uno conoce al amor de su vida, “pero tiene novio o pareja. Y solo te queda decir: “acuérdate de mí”.

Y fue en ese lance en el que el escenario se llenó de imágenes de cartas y fotografías antiguas, amarillas por el tiempo por haber llegado demasiado tarde a la vida del otro. Isaza consiguió convertir el Palacio de los Deportes en un cielo estrellado con las luces de las linternas de los móviles del público mientras entonaba “Punto y aparte”. Tocó la guitarra española, la eléctrica, el piano y hasta la trompeta. Villa hizo un solo de banjo, habló de la lealtad de los amigos –se conocen de hace 20 años- y se llevó los pirotos de “guapo” en más de una ocasión. Y los cuatro presentaron a sus instrumentos convirtiéndoles en grandes protagonistas. Hicieron el primer amago de irse tras el “Cómo te atreves a volver” que alargaron hasta con confeti de colores y reiterados estribillos que entusiasmaron a los seguidores. Tras el tradicional reclamo del público que coreó “otra, otra”, volvieron para lanzar sus “besos en guerra”. No es que pusieran al Wizink en pie, es que el público, a pesar de que había sillas, no se sentó. Su próxima parada: Barcelona y Sevilla.