Josele Santiago, geometría variable

La voz y letra de Los Enemigos revisa su trabajo en solitario en directo en «Conde Duque», un repertorio lleno de canciones de sello imprevisible y personal

La reunión de Los Enemigos en 2012 no estaba prevista. La disolución de la mítica banda dio lugar a la carrera en solitario de Josele Santiago, su cantante y compositor, que comenzó a dar rienda suelta a un universo personal que en la banda no había tenido cabida. Desde 2004 hasta hoy, en cinco discos, el músico ha dado forma a un cancionero imprevisible, en el que se cuentan historias, bromas o recodos surrealistas de la realidad que le impresionan y que ha agrupado en «Conde Duque», un lanzamiento en directo con DVD y un libro de ilustraciones y textos sobre su obra que acaba de editarse. «No sé cómo percibo yo mismo eso que llamas mi obra. Son canciones complejas, con otras texturas tímbricas con las que me desfogo y así me vuelve a apetecer juntarme con los Enemigos. Y si no sale curro por un lado, sale por el otro». Hoy, por cierto, actúa en La Coruña, en la sala Mardi Gras, para quienes prefieran la versión en carne y hueso.

«Después de ‘‘Transilvania’’ (editado en 2017) ya veo un repertorio autosuficiente y sólido. Son cinco discos y pienso que merecen la pena todos. Por eso, la idea de grabarlas en directo me parece oportuna más allá de que la idea de recopilarlas huele un poco a póstumo», ironiza. «Uno procura escribir siempre de cosas que merezcan la pena y desde dentro es difícil juzgar. Pero yo veo un trabajo coherente y con eso me basta. Creo que mi carrera ha buscado hacer canciones de la mejor manera que he sabido y veo independencia, y eso no está mal, ¿no?».

Un brote psicótico

En el repertorio del directo, grabado en Conde Duque en Madrid en octubre de 2018, canciones como «Ole papa», «Loco encontrao», «Magia negra», «Prestao» o «Fractales» crecen con las voces en directo de Leonor Watling, Niño de Elche, Depedro o Johnny Burning. Quizá el caso de «Fractales» sea un buen ejemplo de su carrera en solitario, como tema excepcional por ser la descripción de un arrebato esquizo, o casi. «Y sin casi. Es sobre un brote psicótico. Vete a saber cómo se ve desde dentro, pero yo he visto alguno desde fuera e impresiona mucho. Y de eso es de lo que uno escribe, de lo que le impresiona».

Curiosamente, quienes experimentan con algunas drogas alucinógenas como la ayahuasca definen las visiones geométricas que perciben con la palabra fractales. «Claro, es una buena definición, la de otra geometría igualmente válida, por otro lado. Y una esquizofrenia viene a ser eso, una geometría diferente. Llámalo velo de ilusión o lo que quieras, pero a mi me da que pensar». El tratamiento del brote, en esa canción, es poético, el de un señor normal en un tiempo normal que atraviesa un cristal hacia un mundo de colores. «Es que, hablando con pacientes esquizofrénicos, que conozco unos pocos, todos destacan y coinciden en eso. No te imaginas lo maravilloso que es un brote. Luego apareces descalzo en Valladolid o no sé dónde y dices: ‘‘¿Qué hago yo aquí?’’. Pero lo describen con una enorme felicidad y eso me llamó mucho la atención», señala el músico, que prefiere no revelar los significados de las canciones, «porque pierden la magia». «Las canciones no son adivinanzas ni jeroglíficos, hablan de lo que tú quieras que hablen. Pero algunas no son más que coñas y no hay que buscar nada más allá de una ironía. Como él mismo canta, «no es el chiste, no es cómo lo cuentas». «Exacto». Y si ser músico les parece un oficio «sacrificao», recuerden: «Más tristes son ustedes».