La embajadora de la buena música

La Reina Doña Sofía entregó ayer el XI Premio Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación a la violinista Anne-Sophie Mutter por su gran calidad como intérprete y su fomento de la formación de jóvenes

De izda. a dcha., Anne-Sophie Mutter, Paloma O’Shea y la Reina Doña Sofía
De izda. a dcha., Anne-Sophie Mutter, Paloma O’Shea y la Reina Doña Sofía

La Reina Doña Sofía entregó ayer el XI Premio Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación a la violinista Anne-Sophie Mutter por su gran calidad como intérprete y su fomento de la formación de jóvenes

El pueblo pide música, quiere ritmos. Lo dice Anne-Sophie Mutter (Rheinfelden, 1963): «La llegada de miles de personas a Europa, sobre todo a Alemania, ha cambiado la mentalidad de la gente. He oído muchos comentarios entre el público y los estudiantes que sienten la necesidad de la música más que nunca, porque es una plataforma neutral de encuentro». Ella misma interpretó un concierto benéfico para los refugiados hace unos días y quedó fascinada con el ambiente «distinto» que respiró: «Se trataba de pasar un buen rato y es genial trabajar así». Ése es uno de los valores que le han valido a la violinista para ser galardonada con el XI Premio Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación: ir más allá de la partitura y la melodía. Aunque, más concretamente, se reconoce su «gran calidad como intérprete y su excelente labor en el fomento de la educación a través de la Fundación Anne-Sophie Mutter para la promoción de jóvenes músicos», como reconoció ayer Paloma O’Shea –presidenta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía– durante el encuentro con la Prensa. Por la tarde fue la Reina emérita la encargada de entregar el premio y presidir el acto de clausura del curso 2015/16.

«El mundo necesita embajadores de la música y no técnicos», expuso Mutter, «la más grande violinista de nuestro tiempo» –en palabras de O’Shea–. La protagonista no quiso dejar de elogiar el centro académico y destacó «su profundo amor y respeto con los músicos y comprobar cómo se transmite el mensaje de Yehudi Menuhin entre los jóvenes, que necesitan este tipo de información. La escuela cuida mucho su filosofía y consigue transmitirla a todo el mundo». Además, quiso valorar el papel de un Menuhin «que estuvo siempre para la música y, como si ésta no fuera suficiente, también para los jóvenes».

A pesar de ser una de las grandes estrellas, Mutter no ha dejado de mirar a su alrededor. Tanto, que para O’Shea –también presidenta de la Fundación Albéniz– es un caso único: «Pocos virtuosos de su categoría, por no decir ninguno, han dedicado su atención a la música contemporánea». Para la alemana, la música es «un vínculo muy importante entre las diferentes culturas que lamentablemente se está perdiendo en la educación». Criticó, desde el caso de su país –por ser el que conoce de cerca–, que se centren los esfuerzos en asignaturas que te lleven al éxito económico. Sin fondo. «No prestan suficiente atención a que todos tenemos un alma. Cuando yo hago música hablo a través de mi alma. Creo un diálogo con los otros músicos, que es la manera de encontrarnos y de vivir en conjunto. Los políticos tendrían que recordar eso y los padres ser más fuertes y determinantes y demandar una educación más relacionada con la música», expuso Mutter.

La violinista, dentro del debate europeo de si la enseñanza musical debe ser pública o privada, quiso animar a la sociedad, principalmente a la «gente rica», a formar parte del esfuerzo global y buscar nuevas formas de hacer llegar la música a las nuevas generaciones. Para compensar «una generación que claramente carece de ella en un momento en el que el Estado se está «retrayendo de este tipo de responsabilidad».