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La sorpresa de Ellinor D’Melon

Tiempo de lectura 2 min.

03 de mayo de 2015. 23:30h

Comentada
3/5/2015

Ciclo «La generación ascendente»

Obras de Beethoven, Schubert, Wieniawski, Tchaikovsky y Saint-Saéns. Violín: Ellinor D’Melon. Piano: Vadim Gladkov. Auditorio Nacional. Madrid, 30-IV-2015.

Uno de los ciclos más interesantes de los muchos que promueve la Escuela Reina Sofía lleva el nombre de «La generación ascendente», reflejando claramente su contenido. Su objetivo no es sino presentar en sociedad a los alumnos más destacados de la escuela. Después de tocar en el Auditorio Sony de la propia sede, los mejores repiten en el Auditorio Nacional gracias a la colaboración del INAEM. El pasado 16 de abril tuvo lugar el primero de estos conciertos, con Pallavi Mahidhara al piano, ganador del Premio Prokofiev en San Petersburgo hace dos años. Tras el que aquí se comenta expresamente, vendrán los de Janós Palojtay, quien obtuviera un tercer premio en el Concurso Internacional de Santander (2012), el violinista Rubén Mendoza, vencedor en el último Concurso Violines por la Paz y cerrará Alfredo Ferré como chelo solista junto a la Orquesta de Cámara de la Escuela con Günter Pichler a la batuta.

Mala acústica

Lamentablemente, ni los críticos ni los medios podemos cubrir todos los conciertos que se celebran a lo largo y ancho de la geografía española, pero estábamos avisados de que realmente había que escuchar a Ellinor D’Melon y efectivamente mereció la pena acudir a la sala de cámara del Auditorio Nacional a pesar de tener que soportar a un público que no paró de aplaudir a destiempo. Nunca me ha entusiasmado la acústica del lugar y ciertamente he de reconocer que tampoco lo hizo el primer tiempo de la beethoveniana «Sonata para violín y piano n.4 en la menor Op.23». El piano, tocado por el también en su día alumno de la Escuela Vadim Gladkov, apagaba al violín en los primeros compases y el conjunto sonaba demasiado fuerte. El caso es que afortunadamente solistas y oídos se acabaron acoplando a la sala, y también es cierto que tanto la citada obra de Beethoven como la sonata para violín y piano en la mayor «Grand Duo» D.574 Op.162 de Schubert exigían una mayor madurez interpretativa a la jovencísima solista de apenas catorce años que las piezas que compusieron la segunda parte. Nacida en Jamaica, empezó a tocar el violín a los cuatro años y es alumna de la Escuela Reina Sofía desde 2010. Hay mucho futuro por delante. Posee una técnica que deja con la boca abierta y que pudo exhibir a placer en el «Valse-Scherzo en do mayor Op.28» de Tschaikovsky y sobre todo en la virtuosísima Fantasía sobre temas del «Fausto» de Gounod para violín y orquesta Op.20 en su reducción a violín y piano. «El becerro de oro», que entona Mefistófeles en la ópera, incitaba a pensar qué clase de diablo tiene Ellinor en las manos. Un auténtico prodigio que hay que cuidar. Ni que decir tiene que los vítores llenaron la sala de triunfo.

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