¿Por qué George Michael fue un ídolo del pop?

Porque comenzó su carrera desde abajo para llegar a ser una estrella: lo hizo con autoexigencia, visión de su tiempo y grandes dosis de ironía. Y además fue icono del colectivo gay.

Porque comenzó su carrera desde abajo para llegar a ser una estrella: lo hizo con autoexigencia, visión de su tiempo y grandes dosis de ironía. Y además fue icono del colectivo gay.

Nadie era más «cool» que George Michael en 1987. No había carpeta de adolescente que no estuviera forrada con sus fotografías. Era el chico del momento, todo un icono del pop. Y aquello no fue producto de la casualidad, pues nadie como George Michael encarnaba todo lo que se debe tener para ser un artista de éxito, uno de los más grandes, como era el muchacho inglés. Vivimos unos tiempos en que buena parte de la población quiere ser «famoso» de profesión. Desean el estrellato con todo lo bueno que ello implica, pero sin todo lo malo. Y, sobre todo, lo desean obtener sin trabajo. Justo lo que le sobraba a George Michael, un tipo que se rompió el lomo hasta llegar a la cima. Empezó desde abajo, por supuesto, cantando, bailando y pinchando en discotecas de suburbio. Luego formó Wham! con Andrew Ridgeley y enseñó uno de sus signos distintivos: el chico componía. Con eso que ahora se llama ética de trabajo más la incorporación del talento, comenzaba a intuirse una pronta solución a la ecuación.

«Look» modelado

Lo tercero fue la visión. George Michael supo ver a mediados de los 80 que el negocio se movía rápido hacia la expansión multimedia. Valía tanto una canción como la imagen que se proyectaba. Supo entender qué tenía la MTV, qué debía incorporar el artista a su repertorio. Sí, la imagen. En los últimos tiempos de Wham!, George Michael ya estaba a punto de terminar de modelar el «look» por el que siempre será recordado, el de «Faith». Se puso ropas vaqueras raídas, chupa de cuero, botas de punta, tupé lacado, media barba cuidada y gafas de sol. Todos –ellos y ellas– se derretían con esos vídeos, con esa imagen que había creado hasta la perfección, un estilismo que marcó una época. La fórmula del éxito llegó con la provocación. Eran tiempos en los que la MTV proporcionaba soporte para la imagen y las radiofórmulas pinchaban las canciones a golpe de dinero. Una inversión en un buen tema garantizaba el éxito. George Michael gozó del apoyo de su compañía y él les fabricó lo que querían: canciones y vídeos. Por ejemplo, ese «I Want Your Sex» con el que muchos se escandalizaron. Apareció la censura, un arma excepcional para conseguir la mejor de las promociones. Y el single llegó a lo más alto.

Efectivamente, nadie había más «cool» que George Michael en aquel otoño de 1987. Fiel a su naturaleza emprendedora, se embarcó en una gira mundial en la que pasó la prueba del algodón: el chico también sabía cantar. No es una afirmación cualquiera. En aquellos años, los fraudes eran habituales. Muchas estrellas no cantaban de verdad, sino que sólo ponían sus caras. Y en directo se recurría regularmente al vergonzante «play-back».

En el éxito, George Michael también supo comportarse como una persona extremadamente inteligente y exigente consigo mismo. La industria le presionó para sacar «una segunda parte de ‘‘Faith’’», pero él se negó por puro instinto. Publicó «Listen Without Prejudice», Sony le negó la promoción y el artista se revolvió contra su propia compañía. Dio un paso hacia atrás para tomar más impulso. Los años fueron pasando y George Michael se fue ganando el respeto de todos, gustase o no su música, por su honradez y personalidad. Y llegó la primavera de 1998 y el arresto por «realizar actos obscenos» en un parque de Beverly Hills. Aquello podría haber significado el final de cualquier carrera, pero no para George Michael. Lejos de hacerlo, su movimiento fue extremadamente inteligente. Admitió su homosexualidad en la CNN, en un horario de máxima audiencia, y el gesto emocionó a millones de espectadores. Aquel suceso lo encumbró como icono del colectivo gay. Fue visto como una víctima del sistema, como un mártir de la represión, y su carrera reemergió. Con nuevos registros, con nueva imagen, con nuevas canciones, con nuevas tácticas empresariales. «Outside» fue un gran éxito. Utilizó la ironía para relatar su incidente sexual, una jugada realmente maestra.

Tras mucho tiempo demasiado expuesto, preparó su siguiente jugada con la precisión de un maestro de ajedrez. Decidió recluirse hasta 2004, cuando con su álbum «Patience» volvió al número uno de las listas en lo que fue calificado por la prensa como «el regreso del año». Y ya se sabe que en la industria de la música nada gusta más que un gran «comeback». George Michael ya era un clásico.

Esta es la historia del alguien que fue icono juvenil, icono del pop e icono gay, algo que no se puede conseguir sólo con fortuna o sólo con talento. George Michael cerró abruptamente una vida consagrada al espectáculo y a la fabricación de una estrella, de un icono. Se puede decir que lo ha conseguido. Lo único que no pudo lograr fue la inmortalidad. Porque, como ya predijo Hank Williams, «nadie sale vivo de este mundo».