Pires, Meneses y un programa de peso

Ciclo Scherzo Grandes Intérpretes. Obras de Schubert, Brahms y Mendelssohn. María Joao Pires, piano y Antonio Meneses, chelo. Auditorio Nacional, Madrid, 10-XII-2012.

La Razón
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Cada vez que toca María Joao Pires, uno siempre se pregunta qué suerte de capricho tocará soportar, si las medias luces o las mesas camillas. Esta vez hubo mucha suerte, porque lo único fue la vestimenta, más adecuada para salir con una regadera y unas tijeras de podar al jardín que para sentarse frente a un piano. Hubo también suerte, porque el programa no pudo ser más bello y en ello seguro que algo tuvo que ver Antonio Meneses. A la pianista portuguesa le gusta rodearse de artistas de su habla, que habitualmente no alcanzan su talla artística. No la reúne el chelista brasileño, excelente miembro en su día del Trio Beaux Arts, pero tampoco Pires tiene el sonido que demanda Brahms. Sucedió que en esta ocasión la propia belleza de la música estuvo por encima de ambos. Preciosa la sonata «Arpeggione» de Schubert, que es lo que de verdad le va a la lisboeta, excelente el intimismo, la resignación y el abandono de los «Tres Intermezzi, Op. 117», evocadora esa «Romanza sin palabras» de Mendelssohn en la que el piano es mero acompañante del chelo, y discutible la «Sonata para violonchelo y piano Op. 38» porque se trata de un Brahms que precisa más poder. En fin, que algunos hemos tenido la suerte y la desgracia de oírsela a Richter y Rostropovich.

Pero el programa no pudo ser más del gusto de cualquier público y a él aún se añadieron una pastoral de Bach y la «Nana» de Falla. Tres «B»: breve, bonito y barato.